Narcominas: trampas mortales para el Ejército

Hace tres días otro soldado del Ejército mexicano perdió la vida por una mina terrestre. El sargento Segundo de Infantería Galileo Anastasio Cordero fue alcanzado por la explosión de una narcomina durante un patrullaje en Tepalcatepec, Michoacán, donde operan células ...

Hace tres días otro soldado del Ejército mexicano perdió la vida por una mina terrestre. El sargento Segundo de Infantería Galileo Anastasio Cordero fue alcanzado por la explosión de una narcomina durante un patrullaje en Tepalcatepec, Michoacán, donde operan células del CJNG.

El Ejército realizaba labores de reconocimiento en una terracería cerca de la comunidad Los Horcones cuando la explosión arrancó de golpe la rutina. A pesar de que sus compañeros lo auxiliaron y llevaron de inmediato al hospital militar de Apatzingán, los médicos nada pudieron hacer. Su nombre se suma a una lista cada vez más larga de militares muertos por estos artefactos. Tan sólo entre 2024 y 2025, 19 elementos del Ejército han sido víctimas en Michoacán a causa de las narcominas.

No es casualidad que esta violencia se concentre en Tepalcatepec y sus alrededores. Esa región es el corazón de una guerra territorial entre grupos locales y el CJNG. Los caminos rurales que comunican Tepalcatepec con El Aguaje, en Aguililla, están sembrados de explosivos para evitar el paso de adversarios y están diseñados también para mutilar o asesinar a militares y guardias nacionales que patrullan el área.

El fenómeno de las narcominas no existía en México hasta hace unos años cuando los cárteles JNG, CDG, CDS y la Nueva Familia Michoacana se hicieron de la asesoría de narcos colombianos, incluso de militares de ese país, especializados en minas terrestres.La Defensa reconoce que en Michoacán estos cárteles utilizan este tipo de explosivos. Ya no son un grupo cualquiera: son ejércitos civiles con capacidad para desafiar al Estado cuando se afectan sus intereses y la llegada de José Antonio Cruz Medina como nuevo fiscal coordinador de la Fiscalía General de Michoacán, gente cercana al secretario de SSPC, Omar García Harfuch, parece haber intensificado la siembra de estos artefactos, como una reacción a los embates de la SSPC y del Ejército mexicano.

Frente a esta realidad, el papel del secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla, ha sido determinante. Bajo su cargo, el Ejército no sólo ha reforzado su presencia en esa entidad, dando golpes certeros a los cárteles, sino que, ante la problemática de las narcominas, ordenó la creación de grupos especializados en la detección y desactivación de minas explosivas, como la unidad De-Mining Unit 2, que forma parte de una estrategia nacional para combatir el uso de minas por parte de grupos del crimen organizado. Además, giró la instrucción para adquirir detectores de minas explosivas y con ello mejorar la capacidad de respuesta del Ejército mexicano ante esta amenaza.

Sin duda, su liderazgo y conducción han sido de los pocos contrapesos frente a la agresividad —que raya en el terrorismo— de los cárteles, enviando con ello, el mensaje de que el Ejército no retrocederá en el combate al crimen organizado, incluso en los terrenos más hostiles.

* Pese a que la Operación Frontera Norte, implementada por el gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado resultados con miles de detenciones y el decomiso de armas y drogas, entre ellas más de 300 kilos de fentanilo, la DEA considera que es insuficiente la estrategia lo que aprovechó para presumir un acuerdo e impulsar la llamada Operación Portero, que le permitiría actuar en México. Sin embargo, Sheinbaum ha sido clara: las operaciones de la agencia tienen límites y no existe ningún convenio de colaboración, el único acuerdo se dará con el Departamento de Estado de EU, bajo principios de soberanía y cooperación. Sin embargo, para Donald Trump esos límites no existen, y todo apunta a que pronto podrían intervenir no sólo la DEA, sino también la CIA y el FBI.

DE IMAGINARIA

El titular de la SSC de la CDMX, Pablo Vázquez, debe analizar con seriedad el lamentable caso en el que un policía disparó y mató a un motociclista tras una revisión de rutina, la cual a la postre terminó en un enfrentamiento. Lo ocurrido refleja una problemática cada vez más común: por un lado, el abuso de autoridad de algunos elementos policiales, y por otro, la falta de respeto ciudadano hacia las fuerzas de seguridad. Una combinación peligrosa que inevitablemente conduce a tragedias como ésta.

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