EZLN, la moda que se fue

El general Godínez era serio aspirante a la SDN.

El 1 de enero de 1994, Chiapas vivió la irrupción armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, encabezado por Rafael Sebastián Guillén Vicente o subcomandante Marcos, hoy autoascendido a capitán, el cual declaró la guerra al Ejército y al Estado mexicano bajo el argumento de la reivindicación de los derechos indígenas.

A 30 años de distancia, el EZLN intenta ponerse de moda nuevamente, pero ya no a través de la confrontación con el Ejército, con quien fracasó en esa guerra, sino para victimizarse ante el avance de los cárteles y grupos criminales que le han arrebatado sus territorios.

Lejos está aquel Marcos beligerante que desafiaba a la SDN y confrontaba tácticamente al Ejército mexicano, aunque el general Miguel Ángel Godínez Bravo, comandante de la VII R.M. siempre lo superó ampliamente, no así el gobierno federal, que en lo mediático recibió sendas derrotas.

Muchas veces me he preguntado cuál hubiera sido la historia del hoy capitán Marcos y el EZLN si desde un inicio se les hubiera aplicado la ley. Los brutales asesinatos de dos oficiales del Ejército a manos de zapatistas, en 1993, merecían castigo, pero fue más poderoso el silencio y la inactividad del gobierno para no poner en riesgo la firma del TLC.

Cabe recordar que, un año antes del levantamiento armado, el general Godínez Bravo persiguió sin tregua a los responsables del doble asesinato, y en esa persecución detectó varios campamentos guerrilleros. Como militar disciplinado, pidió autorización al secretario de la Defensa, Antonio Riviello, para destruirlos y proceder a la detención de los subversivos, entre los que se encontraba Rafael Guillén, pero por órdenes del comandante supremo de las FA, Carlos Salinas, la solicitud fue denegada.

Así da testimonio la declaración que hizo el mismo general Godínez a Julio Scherer en la revista Proceso, y en la que señala también la complicidad del obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz.

Mi padre me contó que en dichos campamentos tuvo un primer contacto visual con Marcos, pero tenía la orden de no emprender ninguna acción militar. Posteriormente, dijo, fueron varios los mensajes que le envió al entonces subcomandante. En una carta le pidió que liberara al general Absalón Castellanos, exgobernador de Chiapas, secuestrado por el EZLN. En otro escrito le reclamó el hecho de llevar a una muerte segura a los milicianos zapatistas, señalando que: “un comandante nunca enviaría a sus soldados, armados con palos, a enfrentar a un ejército de verdad”. También le pidió a Sebastián Guillén que se rindiera y entregara las plazas.

El único mensaje de Marcos a Godínez fue a través de Manuel Camacho, comisionado para la paz: “dígale a Godínez que lo respeto como militar y como estratega, pero una de las condiciones para llegar a la paz es que el general no sea secretario de la Defensa”. El general Godínez era serio aspirante a la SDN.

Pero eso ya es historia. Actualmente, el EZLN, avejentado, disminuido y en total ignominia, con un Sebastián Guillén de figura lerda y obesa, quiere llamar de nueva cuenta la atención, justamente cuando los territorios zapatistas son invadidos y controlados por los cárteles del narcotráfico. La VII R.M. ha identificado la presencia de grupos criminales como el de Sinaloa, CJNG, Zetas, del Golfo, los Beltrán Leyva.

Muchos jóvenes ya no quieren ser zapatistas, prefieren enrolarse al narcotráfico. La historia del capitán Marcos y su movimiento está al borde del punto final, su sobrevivencia dependerá en hacer frente a la nueva realidad: los cárteles que desafían la presencia del EZLN en Chiapas.

De Imaginaria

Luego del enfrentamiento en Iztacalco entre policías y extorsionadores, en el que una pequeña de un año fue herida de bala, cuyo estado de salud es grave, y donde dos elementos policiacos resultaron ser parte del grupo criminal, a Pablo Vázquez, secretario de SC, se le presenta tremendo paquete, primero, limpiar la corporación y segundo, combatir el delito de extorsión que Omar García Harfuch juraba y perjuraba no existía en la CDMX.

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