El secuestro de Matamoros no es politiquería

El secuestro de los cuatro ciudadanos estadunidenses en Matamoros, Tamaulipas, que terminó con el asesinato de dos de ellos, presuntamente a manos del grupo Escorpión, escisión del Cártel del Golfo, habría sido, más que una confusión, un ajuste de cuentas, pues no ...

El secuestro de los cuatro ciudadanos estadunidenses en Matamoros, Tamaulipas, que terminó con el asesinato de dos de ellos, presuntamente a manos del grupo Escorpión, escisión del Cártel del Golfo, habría sido, más que una confusión, un ajuste de cuentas, pues no era la primera vez que venían a México. Los estadunidenses, se supo apenas, no eran blancas palomas, tenían antecedentes relacionados con el tráfico y consumo de droga, entonces, ¿a qué venían, a una cirugía estética, como se dijo en un inicio? No existía ninguna cita, tampoco la supuesta clínica. Lo paradójico es que todo lo hizo el Cártel del Golfo, desde ubicar, secuestrar y asesinar a dos de ellos hasta revelar el lugar donde tenían a los plagiados y entregar a cinco de los supuestos responsables. En pocas palabras, los narcotraficantes hicieron el trabajo de las autoridades, tanto estatales como federales, que no sabían por dónde empezar ante la presión de EU.

Esto, sin embargo, no quita que el Estado mexicano deba aplicar la ley y llevar a prisión a los verdaderos responsables. No puede dar por sentada la justicia del Cártel del Golfo.

Si bien el hecho de saber que los secuestrados Shaeed Woodard, Zindell Brown (ejecutados), Latavia Washington McGee y Eric James Willliams (sobrevivientes), tenían antecedentes por consumo y venta de drogas, disminuye la presión de la opinión pública en ambos lados de la frontera, no puede ser tomado a la ligera por López Obrador.

El asunto no es sólo politiquería ni propaganda electoral como la calificó en su mañanera. Se trata de algo más serio, ha servido de pretexto para que congresistas republicanos como Lindsey Graham, John N. Kennedy y Dan Crenshaw promuevan iniciativas para obligar a Biden a declarar a los cárteles mexicanos como entidades terroristas y utilice las Fuerzas Armadas para tal fin. 

Si bien López Obrador y Biden han resistido y descartado la intervención militar, la presión hacia el presidente norteamericano va en aumento. Al reclamo se han sumado gobernadores, alcaldes, fiscales, alguaciles y medios de comunicación, justo cuando está a la vuelta de la esquina la reelección y nada garantiza que los demócratas retengan la presidencia. Hay que recordar que el republicano Donald Trump siempre tuvo en mente usar a las FA en contra de los cárteles mexicanos, incluso, de atacarlos con misiles, pero no sólo a ellos, también amagó al gobierno de López Obrador y esa intención se ha reactivado últimamente al considerar que México es un narcoestado.

La advertencia de Lindsey Graham al presidente López Obrador no deja lugar a dudas.“Usted está permitiendo refugios seguros para que estos grupos operen con impunidad. Lo que está usted haciendo no está funcionando. Su país está siendo utilizado por narcoterroristas para envenenar a EU. Usted no nos deja otra opción”. Ya se habla de aplicar en México algo parecido al Plan Colombia, una estrategia político-militar para terminar con la guerrilla y el narcotráfico en aquel país, pero mientras EU siga sin combatir a sus cárteles y abastezca de armas a los narcotraficantes mexicanos, no habrá estrategia que funcione, y sí, por el contrario, más muertos, unos por balas y otros por drogas. 

* Este viernes, el presidente López Obrador recibe a Liz Sherwood-Randall, asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Una nueva presión para cambiar la estrategia de abrazos, no balazos.

* Ovidio Guzmán, preso en el penal del Altiplano, dejó perplejo a más de uno. El presunto narcotraficante obtuvo la suspensión definitiva para no ser procesado en México y en su defensa para evitar la extradición, dijo que no es hijo de Joaquín Guzmán ni tampoco es a quien reclaman las autoridades de EU. ¿Qué pretende? Algo muy simple, con tal de no ser enviado a la corte de EU, siembra dudas.

DE IMAGINARIA

En Hidalgo y la CDMX el Ejército dio otro duro golpe al narcotráfico. Le decomisó más de 700 kilos de cocaína.

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