Han pasado casi 12 años desde la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando fueron desaparecidos 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Todo este tiempo me he dado a la tarea de darle seguimiento en este espacio. A los pocos días de ocurrido este suceso, el Ejército mexicano cayó bajo sospecha porque elementos del 27 Batallón de Infantería, con sede en Iguala, monitorearon los acontecimientos, recibieron reportes sobre los ataques y algunos tuvieron contacto con estudiantes sobrevivientes. Siempre denuncié que eran infundadas las acusaciones. La “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam lo hizo oficial. Identificó como núcleo de la operación criminal al presidente municipal de Iguala y a su esposa, así como a las policías municipales de Iguala, Cocula, Huitzuco, Taxco, Tepecoacuilco e Ixcateopan, que actuaron en coordinación con Guerreros Unidos, que reaccionaron porque creyeron que los estudiantes eran de Los Rojos y que habían tomado un autobús que transportaba 300 kilos de heroína con destino a EU.
Cuando López Obrador llegó a la Presidencia desechó esa narrativa y creó la Comisión para la Verdad, encabezada por Alejandro Encinas. Sin embargo, la investigación terminó por enredarse aún más y, peor aún, numerosas órdenes de aprehensión fueron canceladas. El GIEI también terminó retirándose. Desde un inicio, el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, y posteriormente Luis Cresencio Sandoval, sostuvieron siempre que ningún elemento militar participó; ambos permitieron el acceso a las instalaciones militares y entregaron toda la documentación existente en los archivos de la Defensa. Todo ese razonamiento fue retomado por la CNDH. En su más reciente recomendación concluyó que no encontró elementos suficientes para atribuir responsabilidad institucional al Ejército mexicano ni evidencia que permitiera sostener la existencia de un plan de exterminio dirigido desde el Estado contra los estudiantes. Fue más allá al señalar que la insistencia en hipótesis no sustentadas contribuyó a desviar la atención de los principales responsables: una red integrada por autoridades municipales infiltradas por el narcotráfico, policías locales al servicio de Guerreros Unidos. Fue exonerado el Ejército mexicano de algo que nunca hizo.
* Terrance Cole, titular de la DEA, advirtió hace tiempo que las acusaciones contra políticos mexicanos apenas comenzaban. Ahora dijo que existe una “conexión mortal” entre los cárteles y el gobierno mexicano. Las declaraciones motivaron un categórico rechazo de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero también generó una gran preocupación en la 4T. La designación de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas —lista a la que se sumaron el Cártel de Juárez y Los Viagras— permite que cualquier persona que les brinde apoyo, protección o información pueda ser investigada por terrorismo y detenida por el FBI o la DEA, aun fuera de EU.
En este contexto, la gobernadora de BC, Marina del Pilar, a quien le fue cancelada su visa por presuntos vínculos con el crimen organizado, buscó negociar con el FBI. Según audios difundidos y reconocidos por ella, se puso en contacto con intermediarios. En ese afán, ofreció entregar información relacionada con las mesas de trabajo del Gabinete de Seguridad, donde se discuten las estrategias contra el crimen organizado y los operativos de las FA. Eso sería traición a la patria, pero también traición a Morena y a la Presidenta.
Ante el escándalo quiso recular y acusó a su antecesor, Jaime Bonilla, de haberla puesto en contacto con dichos intermediarios. La versión no tiene sentido y es absurda. Entre Bonilla y ella priva la enemistad. El mismo Bonilla dijo que no son amigos. Incluso ratificó su versión de que Marina del Pilar protege a los cárteles. “Esto se lo dije a AMLO cuando entregué mi cargo, pero no pasó nada. Él me exigió pruebas. En lugar de actuar, fue a BC y le levantó la mano”.
¿Qué tanta información tiene Marina que le interesa a EU? ¿Lo que diga podría alcanzar a AMLO y a alguno de sus hijos? ¿Por eso la protección?
DE IMAGINARIA
Fue detenido el exgobernador de BC, Ernesto Ruffo Appel. Le inventarán cualquier cosa, pero no les dará para tapar lo de Marina del Pilar, Rubén Rocha, Enrique Inzunza y los demás.
