México y la economía mundial del siglo XXI

Podemos profundizar nuestra dimensión norteamericana e insertarnos más eficazmente en Asia-Pacífico y Europa. Además, hay que articular convergencias en América Latina, como lo hacen los otros grandes actores en una economía global.

Por Julián Ventura*

¿Cuál debe ser la posición de México en la economía mundial, a partir de su profunda integración productiva con América del Norte y del ascenso económico de China? Ésta y otras interrogantes se discutieron este mes en el seminario “México global: intereses y principios de política exterior”, convocado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el CIDE y la UNAM. Este diálogo, que combinó la visión académica con la perspectiva de diplomáticos mexicanos, permitió obtener una radiografía de la situación global y de su vinculación con nuestros intereses nacionales para esbozar acciones de política exterior acordes con nuestro cada vez mayor peso en el escenario internacional.

En lo económico, enfrentamos una situación compleja, con menor crecimiento, mayor competencia por flujos de inversión y umbrales cada vez más altos para tener acceso a los beneficios derivados de la innovación, la productividad y la competitividad. Sin embargo, nuestra dimensión norteamericana nos distingue y nos hace más atractivos como socios, además de fortalecer nuestra posición en un terreno de juego ferozmente competitivo.

Pese a los embates políticos, la agenda norteamericana avanza y da resultados. No hay transformación más profunda que la que se está gestando en la región, a partir de acuerdos bilaterales entre diversos niveles de gobierno y la iniciativa privada que nos han permitido concretar proyectos como la conexión binacional del aeropuerto de Tijuana, los programas piloto de preinspección de carga y los esquemas de viajeros seguros, con un gran impacto positivo sobre nuestra productividad y competitividad global.

La mayor integración en América del Norte fortalece nuestra posición frente a otras potencias manufactureras como China y también como destino privilegiado para la inversión extranjera. Pero no se trata de resistir el ascenso económico de China, sino de aprovecharlo en nuestro beneficio.

China es nuestro segundo socio comercial, con un marcado superávit a su favor. Pero aproximadamente el 75% de lo que importamos de ese país es bienes intermedios, que hacen más competitivas nuestras manufacturas.

China es el tercer destino de nuestras exportaciones, con un mercado que está generando nuevas historias de éxito para exportadores mexicanos. A diferencia de otras economías emergentes, empresas mexicanas fabrican en China desde químicos industriales y autopartes hasta alimentos procesados. Una aerolínea mexicana es la única que conecta directamente a Latinoamérica con Asia y empresas chinas invierten en México para tener acceso a nuestro mercado de consumo y a otros países y regiones.

Una agenda práctica de diplomacia económica, coordinada con productores y exportadores y centrada en lograr mayor presencia de nuestros productos en los principales mercados internacionales, más la atracción de mayores flujos turísticos a partir de mejor conectividad aérea y la captación de inversión productiva contribuirán directamente al desarrollo de México.

Podemos profundizar nuestra dimensión norteamericana e insertarnos cada vez más eficazmente en Asia-Pacífico y Europa. Además, hay que articular convergencias en América Latina como con la Alianza del Pacífico y participar en nuevos esquemas como el TPP, tal y como lo hacen los otros grandes actores en una economía global en la que Norteamérica y China seguirán siendo los principales motores de crecimiento del siglo XXI.

*Embajador de México en China

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