Una Segob en campaña

Cabe preguntarse, ¿qué bases de conciliación y colaboración se pueden establecer con un secretario determinado a la conducta ofensiva y, con ello, al sabotaje de una amplia instrumentación de políticas públicas necesarias para la recuperación de la paz, así como el fortalecimiento institucional en todo el territorio nacional?

En los últimos años, la sociedad mexicana ha presenciado una Secretaría de Gobernación conducida con objetivos distintos a los de su función legal sustantiva: la de procurar concertación y coordinación con la pluralidad política para garantizar la gobernabilidad del país y la seguridad de sus comunidades. En algún momento se llegó a pensar que el relevo a nivel secretarial, el cual llevó a Adán Augusto López Hernández a ejercer su titularidad en agosto del año pasado, abría una ventana de oportunidad para que la dependencia recuperara su decoro institucional. Desafortunadamente no fue así.

Cabe recordar el origen que marca su llegada. Una gestión, prácticamente marginal, protagonizada por la entonces secretaria Olga Sánchez Cordero quien, por usos y costumbres de la actual administración federal, vio transferidas, en los hechos, muchas de las atribuciones a otros integrantes del gabinete, además de que su propia credibilidad fue mermada porque el resultado de varios procesos políticos no correspondía con el de sus posicionamientos públicos o los compromisos establecidos en la mesa por ella. No sólo con actores relevantes de oposición, sino con sus propios compañeros de partido, como cuando le compartió al entonces gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, que su extensión artificial de mandato de dos a cinco años iba a “pervivir”, a pesar de un cuestionado proceso legislativo del Congreso estatal, sin que tuviera fundamento jurídico o realizara siquiera la operación política para ello.

La llegada del secretario López Hernández hizo pensar que la reputación institucional se restituiría. Primero por su trayectoria política, que parte desde lo local al haber sido legislador estatal y federal, para, años después, convertirse en gobernador. Desde esas labores, seguramente estuvo expuesto a la realización y negociación de presupuestos para las entidades, a la estrecha convivencia con la pluralidad política que vive el país desde sus épocas como militante de partidos distintos a Morena, además de comprender lo importante que es una interlocución fluida con el gobierno federal en la solución de desafíos comunes. Y, precisamente en este rubro , el secretario proviene de un estado que sabe bien el valor de una Secretaría de Gobernación colaborativa en democracia, porque, gracias a esta dependencia, los tabasqueños han encontrado respaldo efectivo en situaciones lamentables de desastre, provocadas por los efectos del cambio climático; así como la distribución de mayores recursos para atender las situaciones que han impactado en el rezago social de su población.

Sólo que el secretario López Hernández decidió caminar en sentido contrario al sentido común de su trayectoria política, como también del marco normativo al que está obligado como titular de la Secretaría de Gobernación. La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal es muy clara al señalar que, a esta dependencia, entre otras responsabilidades de primer nivel, le corresponde “facilitar los acuerdos políticos y consensos sociales para (el) fortalecimiento de las instituciones de gobierno y gobernabilidad democrática”. La misma disposición le ordena conducir la relación del Poder Ejecutivo con los gobiernos estatales y municipales, así como con los partidos políticos y la sociedad civil organizada.

Por si fuera poco, además de ser una pieza clave en los alcances de la estrategia de seguridad, la Ley de Seguridad Nacional le concede el rol de secretario ejecutivo para la celebración de las bases de colaboración. Pero cabe preguntarse, ¿qué bases de conciliación y colaboración se pueden establecer con un secretario determinado a la conducta ofensiva y, con ello, al sabotaje de una amplia instrumentación de políticas públicas necesarias para la recuperación de la paz, así como el fortalecimiento institucional en todo el territorio nacional?

La paradoja es que el secretario está en campaña abierta por la Presidencia de la República, pero, para ello, descalifica a la población que vive en el norte del país; llama “egoístas” e “hipócritas” a actores centrales junto con los que debe fortalecer policías por encima de condenar a militares y navales a realizar tareas de seguridad para los que no fueron preparados, obstaculizando con ello la recuperación de la tranquilidad en comunidades asoladas por la violencia criminal; además de violar flagrantemente la ley electoral al difundir su imagen personal por todo el país, en la que aparece retratado junto al presidente López Obrador, en un intento por apropiarse de la popularidad política que registra el mandatario en las encuestas.

Bien debería saber Adán Augusto López Hernández que ningún secretario de Gobernación ha alcanzado la candidatura presidencial haciendo de esa dependencia una casa de campaña, sino llevando sus capacidades hasta el límite en la solución de los problemas que aquejan al país.

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