Un año de la presidenta Sheinbaum
En materia de corrupción, el discurso de la 4T se volvió una farsa opaca. El caso del huachicol se ha convertido en uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia de México. Miles de millones de pesos desaparecieron sin explicación dentro de una red que involucra a funcionarios federales, gobernadores y legisladores
A un año de haber asumido la Presidencia, Claudia Sheinbaum enfrenta el mismo dilema que todos los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación: prometen cambio, pero entregan desastre. Su administración, presentada como el “segundo piso” de ese proyecto político, hoy se hunde en los mismos vicios de opacidad, improvisación y, sobre todo, encubrimiento.
En materia de corrupción, el discurso de la 4T se volvió una farsa opaca. El caso del huachicol se ha convertido en uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia de México. Miles de millones de pesos desaparecieron sin explicación dentro de una red que involucra a funcionarios federales, gobernadores y legisladores. Los recursos de los buques y contenedores desaparecidos son una muestra del pacto de impunidad que hoy es encubierto por varios mandos federales.
Esto a pesar de que Andrés Manuel López Obrador aseguró en reiteradas ocasiones que el huachicol había sido erradicado en México. Para su mala fortuna, durante su administración el robo de combustibles alcanzó la cifra histórica de casi 700 mil millones de pesos en corrupción.
Por otro lado, varios gobernadores de la 4T enfrentan señalamientos graves por presuntos vínculos con el crimen organizado. Los casos de Sinaloa y Tamaulipas son claros: denuncias públicas emitidas por medios de comunicación e incluso por miembros de su propio partido no han sido atendidas por el gobierno. No se puede pasar por alto que las autoridades estadunidenses han enviado mensajes contundentes, como el retiro de visas a una gobernadora de Morena, así como a legisladores señalados por corrupción o lavado de dinero. La respuesta del régimen ha sido el silencio o la negación, nunca la investigación.
En Baja California, además, una diputada federal de Morena fue señalada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa. Ninguna consecuencia, ninguna explicación y, sobre todo, ninguna sanción.
El contraste entre la narrativa oficial y la realidad resulta insultante. Mientras la 4T presume una reducción en la tasa de homicidios, los desaparecidos aumentan cada mes. Esto revela que el gobierno maquilla cifras para presumir logros en seguridad, cuando en realidad las desapariciones forzadas se han disparado y las familias siguen buscando a sus seres queridos en un país convertido en fosa.
A eso se suma la crisis de confianza dentro del propio movimiento. Las pugnas internas entre grupos de poder y los señalamientos hacia figuras como Adán Augusto López —por presuntas triangulaciones financieras y contratos a modo durante su gestión en Tabasco— exhiben que el discurso de honestidad y austeridad republicana fue sólo una fachada. Las denuncias de colusión con legisladores, actos anticipados de campaña y financiamiento opaco han erosionado la autoridad moral de los gobiernos de la Cuarta Transformación.
El primer año de Sheinbaum deja claro que los gobiernos de Morena han resultado defectuosos. La Presidenta no ha logrado sacudirse los problemas heredados de López Obrador: la corrupción enquistada, la impunidad institucional y el control político disfrazado de transformación. Su gobierno no representa un nuevo comienzo, sino la prolongación de los mismos vicios del lopezobradorismo.
Sheinbaum llegó con la promesa de gobernar con ciencia, datos y orden. Hoy gobierna con discursos, lealtades y una realidad que cada día desmiente su narrativa, desenmascarando su verdadera cara: la de “los otros datos”.
Desde este espacio envío un fuerte abrazo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por la irreparable pérdida de su esposo.
