Son las libertades

Resulta lamentable que no sean tiempos propicios para las libertades. La persistencia de una economía global incapaz de salir durante décadas de la debilidad, los efectos devastadores del cambio climático que impactan en los grupos poblacionales más vulnerables, la creciente tendencia autoritaria observable en gobiernos que se imponen en distintas regiones del mundo.

Si un derecho define la esencia humana y la aspiración a construir sociedades prósperas, es el de la libertad. Con ella, la innovación y la creatividad florecen en colectividad porque las comunidades se piensan desde concepciones muy distintas al de la férrea dominancia de una elite excluyente sobre amplios segmentos de la población. Condición que siempre abre la oportunidad a contextos de desarrollo más justos y evoluciones nacionales apegadas a los impulsos de las mayorías.

Resulta lamentable que no sean tiempos propicios para las libertades. La persistencia de una economía global incapaz de salir durante décadas de la debilidad, los efectos devastadores del cambio climático que impactan en los grupos poblacionales más vulnerables, la creciente tendencia autoritaria observable en gobiernos que se imponen en distintas regiones del mundo, así como una constante incertidumbre social provocada tanto por estas variables como por otros fenómenos no recurrentes —entre los que se cuenta la pandemia de covid-19—, generan en la gente una aversión al riesgo, en el que prefieren sacrificar libertades a cambio de percibir algo de mayor control sobre el destino de sus hogares.

No son tiempos favorables para la libertad y, por lo mismo, debe inspirarnos la lucha que desde las más diversas trincheras en distintos países se instrumenta para evitar caer en tiempos más oscuros y dogmáticos. En las diversas realidades no existe un enemigo común a las libertades de las mayorías, pero sí un espíritu colectivo que, sin importar de dónde venga la expresión autoritaria de la violencia, hay margen para imponérsele y detonar la modificación de inercias sociales.

Uno de los más claros ejemplos nos lo ofrece Irán. Tras la lamentable cadena de abusos de autoridad que llevaron a la muerte de la joven Mahsa Amini —violentada por la “policía de la moral” al no observar el correcto uso del velo al que le obligaba la “cultura de la decencia”—, la sociedad iraní salió a las calles a manifestar su descontento por el régimen de libertades coartadas hacia la mujer.

Los manifestantes resistieron la represión desplegada por el gobierno ultraconservador, consiguiendo ahora el anuncio gubernamental que concede la disolución de este cuerpo de policía. Sin duda, la victoria no está cantada y falta aún trayecto para modificar, en los hechos, la vivencia de las mujeres en ese país, pero la movilización genera esperanza de que hay un futuro mucho más justo e igualitario para las mujeres de Irán.

Otro movimiento social interesante en este marco de referencia es el expresado en China. Como se sabe, la potencia asiática es un país dominado por un sistema de gobierno de partido único contrario a convivir con la pluralidad en las formas de pensar, cuya permanencia depende principalmente de imponer su doctrina para dar legitimidad al control autoritario sobre su población.

Después de dos años de pandemia, en la que casi toda la comunidad internacional con estrategias nacionales más o menos eficientes ha logrado solucionar gran parte de la gravedad del fenómeno, China sigue imponiendo aislamientos marciales en ciudades enteras. Al parecer, el covid-19 fue un pretexto ideal, al interior de la gestión del presidente Xi Jinping, para imponer mayores restricciones a las libertades de las personas y que hoy está encontrando fronteras de resistencia civil.

Resistencia civil que, ante la represión y amenaza autoritaria, se manifiesta con cartulinas blancas frente a los efectivos de seguridad del Estado chino pero que, como hace mucho tiempo no se veía, la ausencia de consignas escritas no es impedimento para exigir en voz alta la renuncia del mandatario y la demanda de regresar al empleo, la vida cotidiana y hasta a mayores fuentes de entretenimiento que les fueron arrebatadas por el régimen desde el inicio de la pandemia, según hacen constar las notas en distintos medios de comunicación.

Debemos ser claros, no todas las amenazas a la libertad provienen desde las instituciones de gobierno. También surgen de movimientos sociales nacionalistas, organizaciones criminales o intereses económicos sectarios. Pero, más allá del origen, mujeres y hombres en distintos continentes nos están dando una lección con su valentía de que un futuro próspero sólo es concebible en la medida que se observen las más esenciales libertades en el entorno social. Ojalá que las sociedades siempre muestren su determinación a perseguirlas al costo que sea.

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