Sin frente amplio

A cuatro años de distancia, lo paradójico es que el arrebato de convocar a una marcha a favor del régimen sólo acabó aportando una prueba adicional de que ese músculo electoral de 2018 se encuentra en un acelerado proceso de descomposición. La movilización exhibió,con contundencia, que la base social de respaldo es cada vez más reducida

Si algo distinguió la victoria del Movimiento Regeneración Nacional en la contienda presidencial de 2018, fue la habilidad de su entonces candidato para convocar a amplios sectores del electorado sobre la relevancia de emprender un cambio profundo en la conducción del gobierno federal. Con una estrategia de campaña y una serie de mensajes mucho más incluyentes —en comparación con lo instrumentado en sus intentos electorales anteriores que lo condenaron a la derrota—, sin duda, logró convencer a ciudadanos ubicados pragmática e ideológicamente fuera de su base dura de votantes a concederle el beneficio de la duda. De ahí nacen, precisamente, los treinta millones de sufragios depositados en las urnas y tan profusamente difundidos en el arranque de la presente administración federal, como un sello irrefutable de músculo democrático.

A cuatro años de distancia, lo paradójico es que el arrebato de convocar a una marcha a favor del régimen sólo acabó aportando una prueba adicional de que ese músculo electoral de 2018 se encuentra en un acelerado proceso de descomposición. La movilización exhibió, con contundencia, que la base social de respaldo es cada vez más reducida, al quedar circunscrita a segmentos minoritarios de ciudadanos leales y radicales con los que no sólo resulta imposible ganar una contienda constitucional, sino, incluso, el garantizar una gobernanza estable de largo plazo. ¿Qué necesidad tenía Morena de exhibir una gama de debilidades externas e internas, en un intento por desacreditar a una ciudadanía plural que sólo expresó su inconformidad a una iniciativa de reforma constitucional en materia electoral? Realmente, ninguna.

En la marcha, a diferencia de la última elección presidencial, brillaron por su ausencia representantes de alto perfil de la comunidad científica, los círculos artísticos y las corrientes culturales, por mencionar un par de ejemplos de varios segmentos desencantados al contrastar lo prometido en dicha campaña con los criterios desplegados al momento de gobernar. Ese cúmulo de talento libre y multidisciplinario con el que los gobiernos se acompañan para dar viabilidad en el tiempo a los grandes cambios que impulsan, esta vez refrendó su desencanto al dar la espalda al Movimiento Regeneración Nacional y prefirió guardarse en casa. Los radicales dentro de ese partido apuestan por la ruta suicida del aislamiento político como estrategia para garantizar pureza en la sucesión presidencial, así el país se polarice a un punto de no retorno. En especial, si ese sector acusa de nueva cuenta fraude cuando se vea derrotado en 2024, no porque en realidad lo haya habido, sino por la probada incapacidad de construir alianzas ciudadanas estables.

Pero si los radicales están en la ruta suicida, los leales han hecho muy poco para mantener grados suficientes de respaldo popular: así queda demostrado con el acarreo al que se vieron obligados a emprender los gobernadores, munícipes, legisladores y dirigentes emanados del Movimiento Regeneración Nacional. Miles de camiones desplazados desde entidades federativas tan remotas como Sonora, no para transportar a ciudadanos dispuestos en forma libre a marchar, sino —como dieron cuenta numerosas notas periodísticas— amenazados de ver interrumpidos los apoyos sociales que les otorgan instancias públicas en caso de no estar presentes en los pases de lista de la movilización. Este síntoma también dice mucho de la dudosa aprobación que los ciudadanos dan a las autoridades surgidas de Morena en los órdenes estatales de gobierno. Ya se sabe que, en democracia, los padrones de beneficiarios no perpetúan ganadores en las urnas, mucho menos si éstos se encuentran inconformes con el sistema.

Quizás uno de los errores más graves de la estructura de leales de Morena, y particularmente de los dirigentes políticos de ese partido en la Ciudad de México, fue el haber fracasado en garantizarle Zócalo lleno al Presidente de México mientras leía su informe en la plancha del Centro Histórico. Las zonas vacías en dicho espacio público comprueban que el partido en el gobierno no las tiene todas consigo en su principal bastión, así como que la popularidad presidencial enfrenta retos para traducirse en la movilización de millones de ciudadanos asentados en una de las zonas metropolitanas más pobladas del planeta.

Así, la marcha, más que fortalecer la percepción sobre el Movimiento Regeneración Nacional, termina no sólo exhibiendo la frágil relación que éste tiene con extensos sectores del electorado, sino mostrando las grietas cada vez más profundas en la cohesión interna del mismo Morena. Tanto la agresión física al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, como la descalificación al senador Ricardo Monreal por parte de Mario Delgado, son eslabones de una larga cadena de agravios que pueden terminar por descarrilarles la sucesión en 2024. Entre debilidades externas e internas, si algo es contundente es que Morena ha dejado de ser un frente político amplio.

Temas: