Pasar a la historia con otros datos
Los libros de texto impartidos por el gobierno deben ser —en todos los casos— objetivos, con datos reales y no cuestiones de manipulación, adoctrinamiento y un manejo de la historia a contentillo. La historia es sólo una, la enseñanza de matemáticas es elemental y es el futuro de la competencia en un mundo globalizado
A semanas de iniciar el ciclo escolar, la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció la distribución de los nuevos libros de texto para nivel básico. En cuanto se tuvo conocimiento del contenido y de los múltiples errores que contienen, se convirtió en uno de los principales temas de debate en el país.
En dichos escritos podemos encontrar desde errores ortográficos, fechas de nacimiento de personajes históricos equivocadas, adoctrinamiento tendencioso acerca de la historia moderna de nuestro país, ausencia de matemáticas, temas de educación sexual a temprana edad, entre otros. Por tanto, estos textos han sido criticados por especialistas, académicos, padres de familia, gobernadores, líderes de opinión, así como por la sociedad civil.
Por ello, se han interpuesto 12 amparos que intentan frenar su distribución, además de que, por parte del gobierno de Chihuahua, han presentado una controversia constitucional con argumentos de especialistas que indican que los libros no cumplen con los mínimos pedagógicos para la preparación de nuestros niños y jóvenes.
Varios estados —después de analizar a profundidad los contenidos de los textos mencionados— han decidido que, hasta que no se resuelva el tema jurídico y se trabaje de la mano con académicos, especialistas y padres de familia, no los distribuirán. Los estados mencionados son Querétaro, Aguascalientes, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, Guanajuato, Jalisco y Yucatán. Asimismo, Oaxaca, a través de la Sección 22 del SNTE, también se manifestó en contra, indicando que repartirán cuadernillos complementarios.
Ante las críticas y los errores, la secretaria de Educación, Leticia Ramírez, y el director de Materiales Educativos de la SEP, Marx Arriaga, en lugar de reconocer y presentar su renuncia por dichos hechos, argumentó que “los libros no cuentan con errores, sino con áreas de oportunidad”. Incluso el día de ayer el Presidente de la República arremetió con insultos y ofensas en contra de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y el ministro Luis María Aguilar —ya que la primera interpuso la controversia en contra de la repartición de los libros y el ministro la admitió a revisión— calificándolos de politiqueros, conservadores, irresponsables, deshonestos, reaccionarios y adversarios; aprovechando el espacio que tiene por las mañanas, en donde ya es común ver cómo el hombre más poderoso del país arremete en contra de quienes no piensan como él.
Por el momento, la distribución de dichos textos en el estado de Chihuahua está suspendida hasta que no se resuelva la controversia en la Corte sobre si deberán ser distribuidos o deberán ser reemplazados. Una votación a favor del proyecto del ministro haría oficial la suspensión definitiva, lo que pondría un freno a nivel nacional a la utilización de dichos escritos.
Los libros de texto impartidos por el gobierno deben ser —en todos los casos— objetivos, con datos reales y no cuestiones de manipulación, adoctrinamiento y un manejo de la historia a contentillo. La historia es sólo una, la enseñanza de matemáticas es elemental y es el futuro de la competencia en un mundo globalizado. No podemos permitir que esos textos sean repartidos por el bien y el futuro de nuestros hijos y de nuestro país.
El Presidente se equivoca al intentar permear en la historia su imagen; el legado que presume es una utopía. Se le olvida que su gobierno es, hasta el día de hoy, el más violento en la historia moderna de México. Se le olvida que este sexenio ha generado más pobreza que los anteriores; se le olvida que en este sexenio hay más muertos por falta de atención médica y por su pésimo manejo ante la pandemia por covid-19. López Obrador sí pasará a la historia, pero no por las razones que él quisiera.
Sin embargo, no es momento de poner en tela de juicio al actual gobierno ni a los inmediatos anteriores; eso ya el tiempo lo dirá. No se debe intentar cambiar la historia, reducir la enseñanza en ciencias y matemáticas, así como minimizar el impacto de incluir temas de educación sexual a una edad prematura. La prioridad debería ser el formar niños y niñas capaces, preparados, que cuenten con información veraz, así como las herramientas necesarias para enfrentar el futuro.
