Ni por tierra ni por aire
Llama la atención que, en el marco de una constante referencia a priorizar el bienestar de la gente más vulnerable, un conjunto de autoridades federales y de la Ciudad de México emanadas de Morena hagan lo contrario, al tener abandonada la infraestructura de transporte, así como al haber desplazado a los cuadros técnicos que, por años, probaron dar estándares, si no óptimos, sí mínimos aceptables de seguridad a los usuarios.
Para tener clara la gravedad de la situación, resulta secundario el acceder a los dictámenes de auditorías independientes o a las conclusiones de investigaciones internas que realizan las propias autoridades a cargo de garantizar mantenimiento oportuno y operación eficiente a las infraestructuras de transporte. Podrán esconder los resultados, reservarlos por años o apelar a justificaciones políticas para intentar desacreditarlos, como hace la jefa de Gobierno de la Ciudad de México —en un pésimo manejo de crisis que ya sembró más dudas que certezas sobre su posible responsabilidad. Pero todo ello resulta estéril, porque en los últimos años el deterioro continuo de la infraestructura terrestre y aérea ha quedado evidenciado a la simple vista de todos, con impactos sin precedentes en términos de costos económicos y de la lamentable pérdida de vidas humanas.
Como sabemos, los distintos sistemas de transporte inciden de manera directa y transversal en la calidad de vida de las personas.
De ellos no sólo depende la movilidad, bajo la cual se consiguen desplazar millones de mujeres y hombres para realizar sus actividades más esenciales; sino, a partir de dichos sistemas, se trasladan otros grandes segmentos de personas, mercancías e insumos que favorecen la actividad económica en industrias clave para el desarrollo regional, entre las que destacan el turismo, el comercio y la manufactura. Por eso llama la atención que, en el marco de una constante referencia a priorizar el bienestar de la gente más vulnerable, un conjunto de autoridades federales y de la Ciudad de México emanadas de Morena hagan lo contrario, al tener abandonada la infraestructura de transporte, así como al haber desplazado a los cuadros técnicos que, por años, probaron dar estándares, si no óptimos, sí mínimos aceptables de seguridad a los usuarios.
Así, la Ciudad de México —el punto de mayor interconexión del país— está secuestrada por una peligrosa política de transporte y movilidad generada por la ocurrencia y la incapacidad.
En lo local, basta recordar el incendio del Puesto de Control ubicado en la Subestación Eléctrica de Alta Tensión del Metro —con saldo de una persona fallecida, 30 heridas y seis líneas que por varios días dejaron sin servicio a miles de usuarios— o la dolorosa caída de la Línea 12 —que provocó 26 muertos, 103 heridos y la larga suspensión de operaciones ¡de la ruta más nueva de todo el sistema! El problema es que los efectos de la impericia gubernamental no terminan ahí, porque las lamentables muertes también van al alza a pie, en bicicleta y vehículo, no sólo en el Metro. De acuerdo con fuentes abiertas que citan datos de la Fiscalía General de Justicia, la suma de víctimas mortales por atropellamiento, colisión e incidentes relacionados registraron en 2021 alzas por segundo año consecutivo. Ante este desastre en la política de movilidad, en que los riesgos y las intermitencias en los servicios están a la orden del día, ¿dónde está la rendición de cuentas al interior del gobierno de la capital del país?
Pero si hay una estrategia de movilidad poco esmerada por parte de la administración capitalina, en días recientes ha estado a la vista de todos que esta baja calidad en la planificación e instrumentación de políticas públicas es acompañada por las autoridades federales vinculadas al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Ya había alertado la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, en mayo del año pasado, sobre las deficiencias en el sistema de supervisión de las operaciones aéreas. Motivo por el cual fue rebajada la calificación de nuestro país y, con ello, desde entonces está impedido de incrementar la conectividad entre ambos países... justo ahora que una mayor transportación de turistas podría acelerar la recuperación económica. Pero, al igual que la jefa de Gobierno, el secretario de Comunicaciones y Transportes tampoco parece motivarle la rendición de cuentas, porque, a la par de las constantes demoras en el aeropuerto, las asociaciones de pilotos están reportando incidencias que ponen en riesgo la seguridad de los pasajeros y tripulaciones. Lo grave es que la serie de ceses dados a conocer en últimas horas no se acompaña con la difusión de medidas que den claridad sobre la rectificación de estos procedimientos. Total, que con Morena no hay seguridad ni por tierra ni por aire y, para nuestro consuelo, la Ciudad de México no tiene salida al mar.
