México ardiendo en ‘otros datos’

Es claro que la política de abrazos, no balazos, no sólo no funciona, sino que ha generado una mayor fuerza en los grupos del crimen organizado de nuestro país, pues hoy los cárteles mexicanos no sólo pelean por los territorios en México, sino también por controlar espacios en otros países de Centro y Sudamérica

Al día de hoy, las encuestas publicadas en diversos medios de comunicación informan que en los últimos tres meses existe una baja en la aprobación del presidente López Obrador —con un promedio del 55%—, casi diez puntos menos con referencia a agosto del año pasado; siendo esta la cifra más baja que el mandatario ha obtenido durante este año. Asimismo, más del 70% de los encuestados afirman que el principal problema que enfrenta México es la seguridad.

Los datos no mienten y hoy el sexenio de Andrés Manuel López Obrador es el más violento de la historia moderna de México, pues, a cuatro años de su administración, ya superó los 120 mil homicidios del sexenio de Felipe Calderón y empató los 156 mil del sexenio de Enrique Peña Nieto. Lo anterior, basado en información de medios de comunicación, cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y del Inegi.

Durante este año, nuestro país ha vivido diferentes señalamientos de la participación de los cárteles mexicanos en otros países. Recordemos las declaraciones del candidato presidencial en Ecuador, Fernando Villavicencio, asesinado el pasado 9 de agosto, quien, de manera directa, responsabilizó al gobierno de López Obrador, pues el candidato —una semana antes de su asesinato— declaró que Los Choneros (un brazo armado local ligado al Cártel de Sinaloa) lo había amedrentado; por lo que señaló “que el señor Manuel López Obrador encare su problema con las mafias allá en ese país, donde gran parte de la clase política ha sido financiada por el narcotráfico”, o las declaraciones de congresistas y altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos acusando a México de ser uno de los mayores productores de fentanilo en el mundo.

Es claro que la política de abrazos, no balazos, no sólo no funciona, sino que ha generado una mayor fuerza en los grupos del crimen organizado de nuestro país, pues hoy los cárteles mexicanos no sólo pelean por los territorios en México, sino también por controlar espacios en otros países de Centro y Sudamérica.

Las señales que esta administración y su partido han mandado al crimen organizado no son las correctas. No debemos olvidar la liberación del Chapito, el polémico saludo del Presidente a la mamá de El Chapo o el video de la alcaldesa de Chilpancingo comiendo públicamente con el presunto líder de un grupo criminal; así como los líderes de Morena y sus candidatos ocupando recursos del fallecido Rey del huachicol, Sergio Carmona; o las denuncias realizadas por diversos partidos políticos de la intervención de estos grupos criminales en los procesos electorales del año pasado y antepasado.

A esta administración pareciera no importarle el daño y el sufrimiento de miles de familias mexicanas. Cabe recordar casos como el sucedido en Lagos de Moreno, donde cinco jóvenes fueron asesinados, lo cual no ameritó un comentario del Presidente al día siguiente de los hechos; a los taxistas de Chilpancingo; las denuncias de cobro de piso a restauranteros, comerciantes, tortillerías, albañiles, exportadores de aguacate, entre muchos otros; así como los insultos y amenazas a diversos actores políticos o líderes de opinión a quienes pone en riesgo de recibir cualquier tipo de agresión.

López Obrador no asume su responsabilidad como mandatario del país, de nada sirve que se reúnan en cada uno de los estados los gabinetes de seguridad por las mañanas si no habrá una instrucción directa de tener plena colaboración con las diversas entidades federativas; de nada sirve tener diálogo con Estados Unidos, pero negarse a colaborar con las agencias en materia de seguridad; pero lo que menos sirve es escucharlo todas las mañanas mentir, dar otros datos y responsabilizar de sus fallas a los conservadores, neoliberales y politiqueros.

El próximo año, nuestro país tendrá elecciones para elegir al próximo presidente. Será imprescindible que —sin importar el color de cada uno de ellos— se ponga mucha atención en las aptitudes y la capacidad que tengan para resolver problemas. México no necesita improvisados ni gente carismática como el Presidente, necesitamos un líder que genere una estrategia funcional que resuelva el latente problema de seguridad.

Existen muchos cuestionamientos a las estrategias de seguridad implementadas por expresidentes; sin embargo, los números hablan por sí solos. Hoy, sabemos que los abrazos no solucionan los balazos, sólo les dan paso libre e impunidad a los delincuentes; acusar a los criminales con sus mamás no sólo es ineficaz, sino ridículo. México requiere urgentemente un cambio de rumbo, una estrategia que dé resultados, pero, sobre todo, regresarles la tranquilidad y la confianza a los mexicanos.

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