Más que propaganda, corresponsabilidad

El desplegado emitido por las gobernadoras y los gobernadores emanados del Movimiento Regeneración Nacional Morena, al término de la visita oficial de trabajo a la capital estadunidense, representa un nuevo botón de muestra de la obsesión que en ese instituto ...

El desplegado emitido por las gobernadoras y los gobernadores emanados del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), al término de la visita oficial de trabajo a la capital estadunidense, representa un nuevo botón de muestra de la obsesión que en ese instituto político tienen con la propaganda, así ésta sea un factor que evidencie —de manera innecesaria— el deterioro imperante en la relación entre ambos gobiernos nacionales, así como las inconsistencias entre lo propuesto en la reunión con el presidente Joe Biden y los alcances de las políticas públicas mexicanas. Intervención pública de los mandatarios estatales que, por su falta de visión estratégica y adecuado manejo de riesgos, sólo termina abriendo mayores frentes de crítica.

Si se comparan los protocolos y los acuerdos de las visitas oficiales del pasado a Washington DC, e incluso considerando aquellas sostenidas en coyunturas y agendas polémicas con el expresidente Donald Trump, difícilmente se puede catalogar esta última gira de “exitosa”, como la quiso apuntalar públicamente dicho conjunto de gobernadores. No lo fue porque es patente la lejanía entre los dos presidentes y la ausencia total de una agenda común que satisfaga expectativas e intereses en ambas administraciones.

Más aún, resulta increíble pretender enmarcarla en argumentos de dudosa credibilidad. Por ejemplo, dicen los gobernadores morenistas que se presentó en el encuentro bilateral un “programa sin precedentes” para combatir la inflación en la región; cuando el propio gobierno mexicano reconoce que el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (Pacic) ha resultado insuficiente en contener la espiral en el alza de precios de los alimentos, por lo que se está trabajando en un segundo plan de medidas orientadas a proteger la capacidad adquisitiva de las familias en situación de vulnerabilidad. Plan que, tras casi un mes de ser anunciado, ni siquiera fue hecho del conocimiento público en el contexto de la ida al país vecino.

Los mandatarios estatales de Morena resaltan también, con cierto dolo, un “programa ambicioso de inversión”. Lo hacen con dolo porque el único acuerdo difundido de manera oficial en el rubro de recursos financieros no proviene del sector privado ni es para incrementar las fuentes de trabajo. La inversión exclusiva refiere a mil quinientos millones de dólares que el gobierno de México dispondrá para actualizar la tecnología en infraestructura fronteriza. Primero escalamos la presencia de efectivos militares para ponerle un muro humano a los migrantes, ahora los instrumentos de monitoreo en los cruces.

Así lo constata la Secretaría de Economía que, a pregunta expresa de los medios de comunicación, no pudo confirmar inversión estadunidense específica como producto de la visita oficial. Peor aún, trascendió el cuestionamiento de empresarios norteamericanos por la creciente incertidumbre que tiene el clima de negocios mexicano, propiciado por el cambio abrupto de criterios de política pública y reformas que buscan beneficiar de manera indebida a empresas paraestatales.

Inquietud que, lejos de ser aislada, se acompaña a la expresada en meses recientes por otros actores relevantes, como la difundida desde el Capitolio por el senador Bill Hagerty, quien acusa lazos económicos vulnerados entre ambos países por decisiones contrarias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en los sectores de energía, agricultura, minería y turismo.

Además, resulta por demás arriesgado a los mandatarios estatales morenistas el afirmar que la gira de trabajo “llenó de esperanza y agradecimiento” a la comunidad mexicana asentada en Estados Unidos, cuando, a lo largo del presente sexenio, ha sido sistemática la negativa a sostener encuentros con las organizaciones de paisanos, en este caso las ubicadas en Washington DC y zonas cercanas.

La propaganda que busca alentar una relación bilateral en los mejores términos choca con la realidad, incluso días después de concluida. La aprehensión del presunto narcotraficante, Rafael Caro Quintero, en la que altas autoridades del gobierno estadunidense reclaman parte de los créditos en los trabajos operativos que llevaron a su captura, mientras que el gobierno de México, de la mano del embajador norteamericano, lo niegan rotundamente, reafirman que la cooperación —en un asunto tan delicado como es la seguridad— se encuentra en uno de sus puntos históricos más bajos.

Situación que inquieta porque ni la crisis de consumo de estupefacientes en Estados Unidos ni la recuperación de la paz en nuestras comunidades, asoladas por la violencia asociada a la rivalidad criminal, encontrarán solución con dos gobiernos en los que persiste el conflicto con sus contrapartes y al interior de los mismos.

Por la gravedad del momento que atravesamos en materia económica, por los desafíos a la seguridad binacional, no son tiempos de propaganda, sino de corresponsabilidad y sensatez.

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