La resistencia democrática
Morena apuesta de manera contundente por la polarización, el conflicto y la movilización de su voto duro, como factores para desalentar una mayor participación de la ciudadanía. Todo sufragio fuera de ese espectro será bienvenido por Morena en la contienda constitucional del próximo año, pero la conciliación nacional no está en el centro de su estrategia.
La concentración celebrada en defensa del Instituto Nacional Electoral probó la existencia de una amplia resistencia social contra el autoritarismo y a favor de la democracia. Una extendida fuerza cívica que, desde la capital del país y un número importante de ciudades alrededor del mundo, exhibió una nueva manifestación de miles de mexicanos que demandan la permanencia de un sistema electoral disciplinado a los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad definidos en nuestra Constitución.
La concemtración también demostró, sin proponérselo, que el Movimiento Regeneración Nacional es cada vez menos representativo de nuestra pluralidad política. Quienes arrancaron la administración sexenal haciendo alarde de haber captado treinta millones de votos, como consecuencia de cobijar las causas nacionales de quienes sostienen las más diversas formas de pensar, hoy se ven obligados a secuestrar los símbolos nacionales —como la bandera monumental del Zócalo— o a obstaculizar la libre manifestación de las ideas en las plazas públicas, para mitigar la percepción del creciente desencanto que vive el partido en el poder.
Sorpresivamente, con ese objetivo también intentan descalificar mediante todos los medios posibles a quienes cuentan con altos niveles de confianza por parte de la sociedad. Las encuestas han sido consistentes en señalar que aquellos profesionales entregados a la enseñanza, la investigación científica, la generación de empleo o la expresión artística son más confiables al mexicano que las personas dedicadas a los asuntos de gobierno, la representación legislativa o las tareas de partido político. El problema para Morena es que la concemtración no viene liderada por los segundos, sino por los primeros y, peor aún, que el ataque indiscriminado a la manifestación es leído por amplias audiencias como una arremetida contra la ciudadanía. Sí, ésa misma a la que el partido oficial habrá de pedir su apoyo electoral en 2024.
El Movimiento Regeneración Nacional apuesta de manera contundente por la polarización, el conflicto y la movilización de su voto duro, como factores para desalentar una mayor participación de la ciudadanía. Todo sufragio fuera de ese espectro será bienvenido por Morena en la contienda constitucional del próximo año, pero la conciliación nacional no está en el centro de su estrategia, sino que le resulta indispensable hacerse del control de los medios e instrumentos constitucionales que administran, procesan y califican la elección presidencial.
Por eso la resistencia ante la regresión autoritaria no sólo requiere de un frente ciudadano activo para cumplir con los fines superiores perseguidos, sino de la actitud proactiva y decidida de liderazgos institucionales clave en el juego electoral de 2024. Bien hizo el doctor José Ramón Cossío Díaz en poner al centro de su discurso, del fin de semana pasado, a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Tras el desaseado proceso legislativo que concretó la imposición del llamado “plan B” por parte de la bancada de Morena, son ellos los primeros responsables históricos de hacer prevalecer los principios constitucionales, en un complejo contexto de ataque hacia su labor autónoma y de contrapeso al resto de los Poderes de la Unión.
En el mismo sentido vienen sucesiones importantes al interior del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, empezando por la de su consejero presidente. En la designación de los reemplazos, Morena hará sentir el peso de su representación legislativa para dinamitar desde adentro la imparcialidad de la institución. En la contención de sus efectos, resulta fundamental la unanimidad de los consejeros electorales que sobreviven a este conjunto de nombramientos. A ellos debe llamarles mantener la unidad en contra de la regresión, tal y como la expresaron en su rechazo al plan B aprobado por las bancadas del Movimiento Regeneración Nacional y sus aliados. La historia reciente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación muestra lo dañina que es la división interna en estos órganos colegiados, cuando se pierde de vista la perspectiva de certidumbre democrática para la cual fueron creados.
Por todo ello, la concemtración del domingo no debe ser considerada como la expresión final de un músculo ciudadano, sino la que profundice una resistencia mucho más amplia que nos convoque y motive a favor de nuestra democracia.
