La escalada autoritaria
Resulta difícil olvidar el envío de un grupo de golpeadores a un evento de Día de Reyes en la alcaldía Álvaro Obregón, denunciado públicamente por Lía Limón, en el que poco importó poner en riesgo a los cientos de familias presentes en ese evento infantil realizado hace apenas unas semanas
Atrás quedaron los tiempos en que la doctora Claudia Sheinbaum buscaba posicionar independencia política y perspectiva innovadora ante la ciudadanía, enmarcada bajo el principio rector de que la capital del país era —según la narrativa oficial de su gobierno— una “ciudad de derechos”. Una en la que, a partir de la transición conseguida en 2018, habría, en principio, diálogo democrático, políticas públicas con las personas en situación de pobreza al centro de las mismas, la policía capitalina distinguida por la extinción de su cuerpo de granaderos, así como una identidad visual de su gobierno dominada en color verde, justo para tomar distancia del partido en el poder a nivel federal.
Sin embargo, estos y otros planteamientos merecedores de reconocimiento fueron deliberadamente guardados por conveniencia política en algún archivo del Gobierno de la Ciudad de México. Las razones son públicas y evidentes: la calidad de gestión del equipo que rodea a la doctora Sheinbaum ha quedado a deber en las áreas más sensibles del quehacer gubernamental, afectando principalmente no sólo la calidad de vida de las familias capitalinas que viven bajo alguna de las dimensiones de vulnerabilidad, sino, incluso, poniendo en riesgo su propia integridad física.
Si en meses recientes resultaba cuestionable que toda demanda ciudadana legítima fuera encapsulada por la fuerza pública o descalificada de tajo desde las vocerías oficiales, hoy resulta más preocupante la creciente reacción autoritaria que se desarrolla desde distintas instancias del Gobierno de la Ciudad de México, sea tolerada sin cuestionamiento alguno por quien las encabeza. En especial si cada vez es menos el discurso democrático y más los actos de persecución los que buscan modelar el tono de la conversación pública.
Así, por ejemplo, el desaseo administrativo del Metro no tiene como respuesta la reconducción de su gestión, sino la aprehensión de jóvenes, por parte de la Guardia Nacional, que se manifiestan en las estaciones de este sistema de transporte colectivo por el deficiente servicio; o la vinculación a proceso judicial por el delito de “ataques a las vías de comunicación” contra una señora a la que se le cayeron unas inofensivas aspas de lavadora en Centro Médico, de la Línea 3.
El uso reiterado de la fuerza autoritaria por parte del Gobierno de la Ciudad de México no discrimina. Cada vez son más ciudadanos y políticos opositores quienes corren el riesgo de sufrirla. En ello resulta difícil olvidar el envío de un grupo de golpeadores a un evento de Día de Reyes en la alcaldía Álvaro Obregón, denunciado públicamente por Lía Limón, en el que poco importó poner en riesgo a los cientos de familias presentes en ese evento infantil realizado hace apenas unas semanas.
En el capítulo más reciente, con el pretexto de una supuesta “denuncia ciudadana” y haciendo caso omiso a la autonomía de los gobiernos locales que la ley dispone, el contralor capitalino tomó por asalto las instalaciones de la alcaldía Cuauhtémoc. Con apoyo de más de 130 efectivos policiales y sin orden judicial de por medio, incautaron volantes con contenido crítico que —según acusa Sandra Cuevas— fueron sembrados por el mismo funcionario, como también privaron de libre movilidad a servidores públicos en una sobrada demostración de fuerza.
Una innecesaria demostración de fuerza que atrajo la mayor cobertura mediática a nivel nacional y que, por su poco esmerado manejo por parte del Gobierno de la Ciudad de México, le acabó recordando a amplios segmentos de electores de todo el país los desatinos de la gestión de la doctora Sheinbaum y su equipo en la gestión del Metro, con sus consecuentes impactos en la vida y el bienestar de las personas usuarias.
- Pocas veces la Ciudad de México había visto una escalada autoritaria como la que se vive en este último tramo del sexenio. Veamos si la capital del país, como el resto de las entidades federativas, se encuentra dispuesta a avalar la continuidad de esta forma de gobierno en 2024. No es en la andanada autoritaria donde la jefa de Gobierno encontrará tierra fértil a sus aspiraciones.
