La ecuación del reinicio

Conforme avanza la pandemia provocada por el virus SARSCoV2, los gobiernos alrededor del mundo entran a un delicado proceso de toma de decisiones, el cual tiene como centro de valoración el momento en que habrán de reiniciarse, de manera total o parcial, las actividades ...

Conforme avanza la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2, los gobiernos alrededor del mundo entran a un delicado proceso de toma de decisiones, el cual tiene como centro de valoración el momento en que habrán de reiniciarse, de manera total o parcial, las actividades económicas tras varias semanas de confinamiento y distanciamiento social.

El balance tiene graves implicaciones. De un lado de la ecuación, las autoridades —tanto nacionales como locales— enfrentan la presión de ciudadanos, con registros a la alza en ansiedad, violencia intrafamiliar, depresión y consumo de alcohol. La inactividad, además de los impactos negativos en el crecimiento económico, ha lastimado la capacidad adquisitiva de los hogares. Toda una tormenta perfecta a decantarse en la aprobación popular sobre el desempeño de los gobiernos, más aun cuando estos tienen en puerta elecciones presidenciales o de medio término, como es el caso de Estados Unidos.

Del otro lado de la ecuación están los costos en vidas humanas. Diversas experiencias muestran que, a pesar de haber tomado las medidas más estrictas para contener la propagación del virus, el haber reabierto la actividad económica en forma prematura sólo llevó de nuevo a la crecida en infectados y hospitalizados, viéndose obligados a imponer una segunda ronda de acciones sanitarias. Si esto sucedió con quienes se aplicaron a fondo, los costos pueden ser mucho más marcados en aquellos países que nunca priorizaron las pruebas y el seguimiento como métodos básicos de control, dado que carecen de visión total sobre la magnitud del problema.

En la búsqueda de solucionar con toda responsabilidad esta ecuación, inédita en la historia contemporánea, quizá ningún planteamiento ejemplifique su complejidad como el procedimiento planteado ayer por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Dicha autoridad concedió a las regiones el iniciar sus respectivas reaperturas, siempre que cumplan con criterios que derivan en un estricto monitoreo de la evolución del contagio, a fin de garantizar un mínimo razonable de atención médica disponible a pacientes, aislar a personas expuestas al SARS-CoV-2 y, en su caso, retornar a las medidas generalizadas de confinamiento.

En términos prácticos, ¿qué significa esto? Para poder reiniciar actividades, cada región deberá mostrar una caída en hospitalizaciones durante los últimos 14 días, no registrar más de 15 nuevos fallecimientos en tres días consecutivos, así como contar diariamente con menos de dos nuevos pacientes de COVID por cada 100 mil habitantes. En cuanto a infraestructura hospitalaria, cada zona territorial deberá tener disponible, al menos, el 30% de las camas hospitalarias y de terapia intensiva, así como insumos de protección médica, por lo menos para 90 días. Asimismo, las regiones habrán de comprometerse, de manera mensual, a realizar 30 pruebas por cada mil habitantes.

Por si esto no fuera suficiente, cada zona territorial habrá de tener, como mínimo, 30 personas por cada 100 mil residentes que se encargarán de contactar a personas expuestas, a partir de los listados provistos por nuevos casos positivos, para que los potenciales enfermos se guarden en sus casas y así se contenga la propagación del virus. Las regiones que cumplan con estas medidas sólo podrán comenzar a reabrir, en una primera etapa, las industrias que resultan estratégicas en el crecimiento económico y que, por la logística de sus actividades, conllevan bajos niveles de propagación del virus (construcción, manufactura y tiendas con productos entregables en banquetas).

En una segunda fase se plantea el reinicio de actividades de servicios profesionales, financieros o de apoyo administrativo. En una tercera, aquellos giros vinculados al sector restaurantero y hotelero —lo cual es una mala noticia para el turismo—; para en una última etapa, abrir los centros recreativos, culturales y educativos. El plan del gobernador Cuomo muestra que la reapertura efectiva no se da por simple decreto, sino que requiere la continuidad en el despliegue colectivo de esfuerzos. Gran parte de ellos implicarán la proactividad del sector privado en el rediseño de los espacios de trabajo, que eviten la propagación de la enfermedad en los corporativos.

Si a falta de medicamento o vacuna ésta es la base de una solución pública duradera, también ayuda a dimensionar el escenario cuesta arriba que guarda Donald Trump, quien, en su intento de ganar la reelección, dejará de tener la fortaleza económica como uno de los pilares de su campaña presidencial. Su desesperación se nota en la presión que desea imponerles a los estados para acelerar su reapertura, así como las acusaciones a China y a México de la propagación del SARS-CoV-2 en Estados Unidos. Lo cierto es que, si el presidente norteamericano no resuelve bien la ecuación, podrá ganar las elecciones a costa de la vida de miles más.

Temas: