Fuera de lo normal
El diagnóstico es claro y resulta imposible de ocultar el sol con un dedo. Tanto los trabajadores del Metro como su líder sindical y, a pesar de las diferencias políticas que existen entre ellos, han denunciado —a lo largo de la presente administración— el creciente abandono en el que se encuentra esta infraestructura vital para la movilidad diaria de más de 4 millones de personas
No es normal que la crisis de mantenimiento del Metro, provocada por caídas en el presupuesto y posible negligencia de los distintos tomadores de decisión al interior de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, sea respondida con el despliegue de más de seis mil efectivos de la Guardia Nacional. Militares que, en lugar de atender la severa crisis de inseguridad pública por la que atraviesa nuestro país, son distraídos en actividades que no mitigarán en forma alguna los riesgos de observar un mayor número de incidentes, con sus consecuentes personas heridas y fallecidas.
El diagnóstico es claro y resulta imposible ocultar el sol con un dedo. Tanto los trabajadores del Sistema Colectivo Metro como su líder sindical y, a pesar de las diferencias políticas que existen entre ellos, han denunciado —a lo largo de la presente administración— el creciente abandono en el que se encuentra esta infraestructura vital para la movilidad diaria de más de cuatro millones de personas que transitan en la Ciudad de México.
Denuncias de deterioro que encuentran legitimidad en publicaciones de trabajadores y usuarios de este sistema colectivo en redes sociales o reportes periodísticos que dan cuenta de sistemas de control y monitoreo obsoletos; redes de comunicación interna tan inservibles que los operadores del Metro mejor se coordinan mediante WhatsApp; ausencia de lámparas que siquiera iluminen los tramos de los trenes; e, inclusive, una proveeduría de refacciones que se concentra principalmente en las piezas disponibles de vagones en desuso, ante la falta de recursos para su abastecimiento.
Si consideramos este cúmulo de evidencias, resulta insostenible la teoría del sabotaje. En especial si recordamos que no se han registrado incidentes de seguridad graves bajo la vigilancia de los cinco mil elementos de seguridad civiles que desde hace años forman parte de la plantilla laboral del Metro, según datos difundidos por la misma dirigencia sindical; como tampoco es del conocimiento público la existencia de una sola evidencia o seguimiento transparente a una carpeta de investigación por conductas que apunten a una conspiración en desarrollo. Lo único cierto, hasta el momento, es una nueva reducción de más de 900 millones de pesos de los recursos destinados al Metro este año en contraste con los de 2022, de acuerdo con varias organizaciones ciudadanas.
Lo grave es que se pretenda tapar la improvisación de las autoridades capitalinas del sector movilidad con medidas propias de regímenes autoritarios. En varios sectores del Movimiento Regeneración Nacional les molestan las comparaciones, pero la evidencia es clara en concluir que los gobiernos con despliegues de efectivos militares en sus sistemas de transporte son aquellos caracterizados por el abuso de poder, que suelen actuar al margen de los principios democráticos y la legalidad.
Como botones de muestra están el presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien, como respuesta a la demanda ciudadana de poner solución al deterioro de la infraestructura del Metro de Caracas, designó a un general de las fuerzas armadas al frente del organismo que lo administra; así como el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, el cual ordenó a militares el controlar las unidades de transporte público ante su incapacidad de mitigar el impacto del aumento del precio de las gasolinas en las tarifas de los microbuses. O, ¿acaso nos imaginamos a los mandatarios de Brasil y de Chile haciendo lo mismo cuando ambos demócratas han sido críticos de la intervención castrense en asuntos civiles?
- Está fuera de lo normal la creciente mortalidad registrada en el Metro de la Ciudad de México, como también en los incidentes viales de esta capital. Está fuera de lo normal que a una exigencia ciudadana de contar con mejor infraestructura en el sistema de transporte se le conteste con operativos de miles de efectivos de la Guardia Nacional. Si se trata de vulnerar la integridad física de las personas y reprimir la demanda ciudadana, con tal de forzar una candidatura presidencial… eso, eso también está fuera de lo normal.
