Es la contienda democrática
El domingo 13 de noviembre, miles de ciudadanas y ciudadanos se manifestaron en las más diversas ciudades del país y del extranjero con el objeto de mostrar su inconformidad frente a una propuesta de reforma constitucional que les parece, además de regresiva, un ...
El domingo 13 de noviembre, miles de ciudadanas y ciudadanos se manifestaron en las más diversas ciudades del país y del extranjero con el objeto de mostrar su inconformidad frente a una propuesta de reforma constitucional que les parece, además de regresiva, un factor de inestabilidad al modificar de fondo el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral. Un órgano autónomo que ha garantizado tres transiciones pacíficas del poder a nivel federal, por la pulcritud de su funcionamiento, incluyendo la que marcó el creciente dominio del Movimiento Regeneración Nacional de los años recientes en el tablero político.
Sin evidencias de acarreo, tan sólo en la Ciudad de México esta marcha llegó a congregar alrededor de 300 mil personas, a las que se sumaron copiosas participaciones en varias capitales de las entidades federativas. Ante la magnitud de la inconformidad, desde los micrófonos oficiales se prefirió el insulto como respuesta inicial a los participantes de la marcha, para, posteriormente, buscar desacreditarla con el llamado a una movilización de los simpatizantes de Morena, a realizarse el próximo domingo 27 de noviembre.
Mientras la primera manifestación se dio para asegurar equidad a todos los partidos en la competencia democrática de 2024, la segunda busca reforzar la percepción social de que en México domina un solo instituto político. Mientras a la primera se le niega el Zócalo y le son impuestos obstáculos para inhibirle mayor participación, a la segunda, ya con el Zócalo privatizado a favor de su corriente política, se le concede el disfrute de este espacio simbólico y está dispuesta a dejar correr el pase de lista de gobiernos locales para el llenado de plaza, según hacen constar notas en los medios de comunicación. Mientras con la primera el gobierno federal tuvo la oportunidad de convencer de que aún gobierna para todos; con la segunda reconfirma que lo hace para unos cuantos.
Y aquí cabe preguntarse si realmente es una molestia autoritaria en el Ejecutivo federal, como se sostiene como hipótesis en varios espacios de opinión, lo que desencadena esta nueva marcha. No es así. Desde el inicio del presente gobierno se han dado expresiones recurrentes de malestar, tanto por las decisiones asumidas como por las políticas públicas instrumentadas, sin que desde el poder se movilizara en forma proporcional a simpatizantes para desacreditar las expresiones de inconformidad. Por el contrario, lo que parece haber tras bambalinas es un intento por mantener el capital político de la figura presidencial en la contienda democrática, restringida bajo un comportamiento de respaldo popular no excepcional, sino muy similar al obtenido por sus antecesores en el último tercio de los respectivos gobiernos.
La figura presidencial desafiada en el cuarto año de gestión va en dos frentes. Por un lado, ante una oposición que sigue encontrando rendijas propicias para mantenerse como frente electoral unificado, lo cual representa una amenaza si, como algunos piensan, Morena tiene altas probabilidades de ver su caudal de votación lastimado de aquí al 2024. Esto por la fragilidad del poder adquisitivo frente a la espiral inflacionaria, la debilidad de la recuperación económica y el desgaste provocado por la polarización en el ejercicio de gobierno. Factores que le han ido marginando el apoyo de sus votantes más duros.
Por el otro, la competencia abierta entre los aspirantes a sucederlo al interior de Morena fue —hay que reconocerlo— una decisión astuta que también amenaza con escapársele de las manos. Ahí está como botón de muestra la concentración masiva de diez mil personas realizada —en pleno puente vacacional— por el senador Ricardo Monreal en la Arena México, en la que el legislador expuso una línea de acción muy alejada a los conceptos que dicta la narrativa central del régimen.
La creciente propia presión competitiva motivará a losaspirantes a desenvolverse bajo sus particulares estrategias y la del senador Monreal, no será la única candidatura que se ubique en choque de trenes con la oficina presidencial. Ya en el pasado no sólo hemos presenciado mítines y pintas de bardas, sino escandalosas filtraciones de prensa que buscan deslindar responsabilidades entre unos precandidatos y otros.
Y, finalmente, con la marcha del domingo, el Presidente de México va al rescate de la Ciudad de México. El principal bastión del Movimiento Regeneración Nacional está en franca disputa, primero como resultado de una gestión poco esmerada y, después, completamente distraída en su aspiración de 2024.
Lo grave es que la distracción a lo electoral amenaza con tomar dimensión nacional, ahí están los gobernadores emanados del partido oficial muy dispuestos a arropar la marcha para evitar que el globo electoral de Morena se desinfle a un ritmo más rápido de lo deseado, por encima de sus responsabilidades de ley y presionando a los beneficiarios de los programas sociales, según hacen constar los medios de comunicación. Es la contienda democrática lo que se viene.
