El juego de los espejos
En este juego de espejos, los costos van más allá de insalvables aumentos de tarifasen los recibos de la luz, porque la salud de los mexicanos también estará en juego.En tanto, los voceros legislativos del régimen aseguran que los avances de mediano plazoen la generación a partir de las energías limpias no están en tela de juicio.
La discusión legislativa de la reforma eléctrica entra esta semana a una etapa crucial y tanto las autoridades federales del sector energético como las bancadas del Movimiento Regeneración Nacional, en el Congreso de la Unión, deben recibir, por parte de toda la oposición legislativa, una señal contundente de que no tendrá éxito el juego de espejos con el que los morenitas buscan enmarcarla en la discusión pública, deliberarla en las cámaras y, finalmente, aprobarla. Las declaraciones de ayer siembran optimismo, falta cumplir con el voto unánime en contra al interior de estos grupos parlamentarios.
Un juego de espejos en el que se vende una cosa, pero la realidad va en sentido contrario. Un juego muy peligroso porque serán los hogares, comercios y empresas quienes terminarán pagando los platos rotos de la deficiente reforma eléctrica. Lo pagarán, pues mientras los voceros de la bancada del partido en el poder utilizan ejemplos de otros países a discreción —con el objetivo de resaltar desafíos severos en la generación, distribución y comercialización de electricidad en manos de agentes privados, como pueden ser los casos de España y Portugal—, guardan silencio ante estudios especializados de amplia difusión pública que alertan una subida de entre 32 y 54% en los costos de generación en México, como consecuencia de los cambios contenidos en la reforma.
En este juego de espejos, los costos van más allá de insalvables aumentos de tarifas en los recibos de la luz, porque la salud de los mexicanos también estará en juego. En tanto, los voceros legislativos del régimen aseguran que los avances de mediano plazo en la generación a partir de las energías limpias no están en tela de juicio; los términos planteados en la reforma hacen que el Laboratorio Nacional de Energía Renovable, del Departamento de Energía de Estados Unidos, anticipe un incremento de hasta 65% en las emisiones de carbono, a costa de las renovables. Otras fuentes refieren que las carboeléctricas aumentarán 45% su producción en tan sólo tres años. De ser así, éstas y otras fuentes de generación sucia provocarán serias enfermedades en las comunidades que las rodean, como menor coeficiente intelectual y de desarrollo en recién nacidos, así como aumento en las probabilidades de concebir niños autistas, según dan constancia análisis publicados en fuentes abiertas.
Un juego de espejos en donde el discurso de las bancadas mayoritarias contiene una fuerte carga ideológica para hacer percibir la reforma eléctrica como un instrumento reivindicativo de la izquierda mexicana, pero que, por sus impactos negativos multidimensionales en el bienestar de las personas y las comunidades, hace inviable que México cumpla con sus compromisos internacionales, como son los del Acuerdo de París o los Objetivos del Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas.
Sin olvidar que en este juego de espejos se pretende posicionar una relación cercana con nuestro principal socio comercial, mientras el gobierno de Estados Unidos por todos los canales posibles expresa su rechazo diplomático a piezas legislativas que, de hacerse vigentes, serían violatorias del T-MEC y podrían, aún más, en riesgo la recepción de mayores inversiones en otros sectores productivos, tan necesarias para la generación de empleo en esta fase de reactivación económica. Sin duda alguna, no se trata de sumisión, pero sí de ser consistentes con el diálogo bilateral y la integración regional, de la cual nos beneficiamos y formamos parte.
Y quizá el último factor más lamentable de la reforma eléctrica es la vuelta al pasado. Un pasado en el sector eléctrico donde los intereses políticos y sindicales en las empresas del Estado pudieron más que el garantizar acceso a un buen servicio de electricidad. Una condición desfavorable en la que, por cierto, no necesitamos esperar a la aprobación de la reforma, porque en la medida que la Comisión Federal de Electricidad ha venido controlando cada vez más las operaciones del sector eléctrico, en 2021 registró el mayor déficit financiero de las últimas tres décadas, al alcanzar los 60 mil 500 millones de pesos, de acuerdo con cálculos de México Evalúa. Es este el juego de espejos por el que nos quiere llevar Morena y a los contribuyentes les está saliendo ya muy caro.
