El desaseo en Morena es el medio

Y sí, al margen de preferencias partidistas e ideologías, para todos resulta lastimoso este espectáculo de deterioro político. Espectáculo que, de acuerdo a los relatos de fuentes abiertas, llegó a los extremos con la quema de papelería electoral, expresiones de violencia entre corrientes antagónicas, coacción del voto, gente herida, amenazas a beneficiarios de programas sociales...

Pocos procesos internos de partido tan desaseados como el protagonizado por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) el fin de semana pasado en la elección de distintos cargos a nivel local y nacional. Por la gravedad de los hechos, la cobertura de los medios de comunicación se concentró en la difusión de la ausencia total de civilidad entre las facciones en contienda, los testimonios de las extendidas prácticas antidemocráticas y las acusaciones de ilegalidad por parte de las corrientes desplazadas, que seguramente terminarán acudiendo ante las ventanillas del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Y sí, al margen de preferencias partidistas e ideologías, para todos resulta lastimoso este espectáculo de deterioro político. Espectáculo que, de acuerdo a los relatos de fuentes abiertas, llegó a los extremos con la quema de papelería electoral, expresiones de violencia entre corrientes antagónicas, coacción del voto, gente herida, detención de competidores internos, amenazas a beneficiarios de programas sociales, acarreo de ciudadanos sin la más mínima idea de qué hacían a la entrada de las casillas, así como la inscripción de afiliaciones masivas controladas de manera selectiva por ciertos dirigentes.

Escenas con nulo decoro que se reprodujeron en diversas localidades del Estado de México, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Durango, San Luis Potosí y Michoacán. Operación electoral sin recato de la que ni siquiera se salvó la Ciudad de México, en el ánimo de proteger la reputación de su precandidata a la Presidencia de la República, Claudia Sheinbaum. El hecho de tener que recurrir a estas prácticas en el principal bastión morenista sólo reafirma la debilidad de sus aspiraciones.

Asimismo, la participación proactiva de perfiles claramente asociados con Morena en reventar los centros de votación es tan contundente, que los intentos del presidente de ese instituto político, Mario Delgado, por acusar la infiltración de grupos externos raya en lo ridículo. Más aún cuando lo asientan públicamente reconocidos militantes morenistas.

Sin dejar de lado estas consideraciones, no debe perderse de vista que las expresiones de violencia y conflicto masivo tienen potenciales fines superiores a la simple designación de la burocracia partidista, al menos, en dos vertientes cruciales de dominio político de cara a las elecciones constitucionales de 2024.

La primera, el desaseo inhabilita cualquier presión interna por realizar una selección democrática de candidatura presidencial sustentada en la participación directa de la militancia o de la ciudadanía. Las voces más radicales aprovecharán este ejercicio “fallido” para ilustrar a los moderados la falta de condiciones para una elección abierta. Contexto que dará, de nueva cuenta, margen a la reiterada discrecionalidad con las que se designan candidaturas justificadas en su método de encuestas.

La segunda, la imposición en cargos locales y nacionales al interior de Morena que vendrá del proceso interno aquí descrito manda un fuerte mensaje de que no habrá concesión futura para quienes pasen a la disidencia partidista como producto de decisiones antidemocráticas. Todos quienes decidan seguir recibiendo prebendas políticas del Movimiento Regeneración Nacional, habrán de encontrar su acomodo conforme a lo decidido en su estructura central. Los costos a la deserción seguirán siendo altos, en la medida que estos grupos inconformes sigan percibiendo una oposición sin agenda ni liderazgo a la cual transitar sus capitales políticos.

El conflicto y la violencia política encuentran un sentido estratégico en mantener la cohesión y la disciplina de las bases del Movimiento Regeneración Nacional, además de reforzar en sus aspirantes presidenciales que no se deben al voto popular, sino a las consideraciones de la instancia superior de Morena.

Sólo así puede entenderse, por citar un botón de muestra, que, en medio de la violencia electoral del fin de semana pasado, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México se haya visto incentivada a subir un video en el que, cantando desde su casa, hace añicos una famosa canción. Tal y como su administración tiene a la capital del país.

Así, el desaseo en Morena es el medio en el intento de perpetuar su posición electoral.

Temas: