¿Dónde está Harfuch?
La lista de casos es larga. En Guerrero, la sombra del crimen organizado ha estado siempre presente; con Félix Salgado Macedonio, así como con su hija Evelyn Salgado, los señalamientos no cesan, al contrario, se incrementan. Medios de comunicación han documentado nexos con grupos criminales y hasta omisiones graves en temas de seguridad. Guerrero parece más una tierra de nadie
Morena llegó al poder prometiendo un cambio en nuestro país, pero esa promesa fue una mentira. Hoy, la realidad es otra: hay estados cooptados por la violencia, gobernadores bajo sospecha de corrupción, nexos con el crimen organizado y un gobierno que, en lugar de hacer investigaciones, parece haber normalizado estas conductas.
- La lista de casos es larga. En Guerrero, la sombra del crimen organizado ha estado siempre presente; con Félix Salgado Macedonio, así como con su hija Evelyn Salgado, los señalamientos no cesan, al contrario, se incrementan. Medios de comunicación han documentado nexos con grupos criminales y hasta omisiones graves en temas de seguridad. Guerrero parece más una tierra de nadie. En Quintana Roo, la gobernadora Mara Lezama ha sido cuestionada por presuntas irregularidades y por su cercanía con personajes vinculados al crimen organizado, mientras la violencia en Cancún se dispara sin control.
Tamaulipas es otro caso que llama la atención. Américo Villarreal, actual gobernador, ha sido vinculado con financiamiento proveniente del huachicol durante su campaña. Las investigaciones periodísticas apuntan a la existencia de una red de protección entre su administración y grupos delictivos que operan en la frontera. En Sinaloa, Rubén Rocha Moya no ha podido desmarcarse de las acusaciones que lo vinculan con el narcotráfico.
El caso del alcalde de Matamoros, también de Morena, evidencia la corrupción local normalizada y pactos de impunidad con células criminales. En el plano nacional, figuras como Mario Delgado y Adán Augusto López no han escapado las sospechas de estar involucrados en redes de intereses opacos que protegen a personajes clave del crimen organizado.
Otro caso es el que ha salido a luz en los medios de comunicación es uno en el que la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, otorgó contratos a Fernando Padilla, un empresario vinculado con Adán Augusto y Andrea Chávez, que evidencian una red de intereses compartidos, donde se entrelazan negocios privados y recursos públicos, amparados por el respaldo del poder político.
Nada de esto parece preocupar a Morena, pero los hechos hablan por sí mismos: la regeneración nacional prometida se ha transformado en un aparato de poder que se sostiene con pactos oscuros, impunidad y complicidades con el crimen.
- Morena no sólo ha demostrado su incapacidad para gobernar, sino que también ha expuesto su rostro más preocupante: el de un movimiento que, usando sin cesar el nombre del pueblo, ha terminado secuestrado por la corrupción y el crimen.
