Democracia amenazada

Los efectos antidemocráticos de la consulta de revocación de mandato no han concluido, porque la difusión de logros del gobierno federal y la continuidad del clima de polarización que mantiene cohesionada a la base más dura de simpatizantes de Morena dieron por muerta la veda electorala nivel estatal y habrán de influir en el electorado que elegirá a nuevos gobernadores en seis entidades.

La consulta de revocación de mandato difícilmente puede categorizarse como un ejercicio democrático. Muy por el contrario, este proceso se trató de un experimento que llevó al sistema legal e institucional de elecciones al extremo, con el objetivo de identificar condiciones presentes y de mediano plazo a favor del Movimiento Regeneración Nacional, derivadas del despliegue de conductas orientadas a actuar al margen de la legalidad, a agraviar a la ciudadanía y a pasar por encima de la equidad que debe prevalecer entre partidos políticos. Así, tras la consulta realizada el domingo pasado, Morena podría haber encontrado terreno fértil para poder replicar estas prácticas en los comicios federales de 2024, al haber quedado libre de la más mínima rendición de cuentas.

Es cierto, no todo fueron cuentas alegres para el partido en el poder. De los casi noventa y tres millones de mexicanos en condición de votar, acudieron a las urnas apenas dieciséis millones de ellos. Casi la mitad de los que en la elección presidencial de hace apenas tres años sufragaron por el Movimiento Regeneración Nacional. Además, a pesar de tener bajo su control gubernaturas como las de Sonora, Sinaloa, Zacatecas y las dos de la península de Baja California, Morena no sólo mostró baja capacidad de movilización en el centro-norte del país, en un patrón de votación muy similar al de 2006, sino que fue en esa amplia región del territorio nacional donde se obtuvieron los mayores caudales de votación a favor de la revocación de mandato.

Y si de mandatarios estatales con dudosa fortaleza hablamos, la revocación de mandato refrendó la debilidad de Claudia Sheinbaum en su rol de salvaguarda del bastión morenista más importante, la Ciudad de México, ya que el porcentaje de participación ciudadana en la capital del país fue inferior al registrado en otros estados como Chiapas, Tabasco, Veracruz e incluso de una entidad gobernada por el PRI, como lo es Oaxaca. Si a esta deficiente movilización de la jefa de Gobierno se suma la derrota de numerosas alcaldías capitalinas en los comicios intermedios de 2021, cabe preguntarse: ¿cuáles son los criterios bajo los que la doctora Sheinbaum cataloga como un “éxito” la consulta en la ciudad que administra?

Sin embargo, al margen de los resultados de la consulta de revocación de mandato, los mexicanos vivimos una democracia amenazada. Nuestra democracia está en duda por al menos tres premisas fundamentales. Primero, en sentido contrario a lo ordenado en la Constitución, la mayoría legislativa de Morena en el Congreso de la Unión está dispuesta a imponerse para cambiar las reglas del juego de último momento, a fin de interferir en un proceso electoral e influir indebidamente en su resultado. Prueba de ello fue la aprobación del decreto por el que se interpreta el alcance de la propaganda gubernamental, principio de imparcialidad y aplicación de sanciones en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, a tan sólo un mes de la jornada. Un uso faccioso de la ley que no sólo habilitó el involucramiento proactivo de funcionarios federales, gobernadores y legisladores afines, sino que, de manera peligrosa, terminó haciendo partícipes a representantes del Ejército mexicano en actos públicos de propaganda.

Segundo, los efectos antidemocráticos de la consulta de revocación de mandato no han concluido, porque la difusión de logros del gobierno federal y la continuidad del clima de polarización que mantiene cohesionada a la base más dura de simpatizantes de Morena dieron por muerta la veda electoral a nivel estatal y habrán de influir en el electorado que elegirá a nuevos gobernadores en seis entidades federativas. Y, tercero, la consulta de revocación dio prueba fehaciente de que no hay autoridad electoral que valga cuando la ley es un obstáculo para el alcance de los objetivos electorales del partido en el poder. Los ataques contra el Instituto Nacional Electoral son apenas una muestra de la amplia embestida que se avecina en el 2024.

La impunidad con la que Morena ataca al INE, a la par del ejercicio de conductas reprobables con las que secretarios de Estado, gobernadores y legisladores cometen delitos electorales graves sin mediar sanción alguna, hace parecer que en el México de hoy los simpatizantes de ese partido pueden hacer lo que se les venga en gana y, con ello, que sean la principal amenaza a nuestra democracia.

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