Debate para la acción climática
Se gesta un potencial movimiento global, al observar la movilización de miles de personas en diversas ciudades del mundo, las cuales, durante el fin de semana, marcharon por las calles exigiendo un cambio real de políticas públicas.
En la diplomacia suele dominar el tono de las conversaciones moderadas. Las voces dedicadas a las relaciones exteriores evitan lo más posible argumentos que polaricen el diálogo, cuando no se limitan a expresar sólo aquello que está previamente negociado entre las partes, con el objetivo natural de mantener los canales de comunicación siempre abiertos sin importar los grados de diferendo político o amenaza de conflicto armado. Así, el verdadero arte diplomático está en la previa formación de consensos construidos tras bambalinas, y no necesariamente en la emisión de mensajes desde el pódium que sacudan las expectativas de la opinión pública, a partir de posiciones francas de gobierno.
De esta dinámica, la Organización de las Naciones Unidas no es la excepción. El Debate General que se inaugura cada septiembre con la participación de los jefes de Estado y de gobierno se convierte en la eterna pasarela de reclamos e intenciones que, por lo regular, llevan a ningún lado. En parte porque el peso real en la toma de decisiones de la ONU lo tiene el Consejo de Seguridad, en vez de la Asamblea General, donde todos los países tienen el mismo peso; en parte, porque el escalamiento o la resolución de conflictos se da cada vez más por fuera de los foros multilaterales. Puede más una bilateral o coalición de coyuntura que el consenso representativo de un órgano colegiado.
Sin embargo, tras años de monotonía diplomática, en este 74 periodo de sesiones, la dinámica en torno a la ONU está ganando un reflector interesante, principalmente por las protestas alrededor del mundo que exigen vencer las resistencias políticas a la mitigación de las causas del cambio climático; así como, en un papel secundario, los reportes liberados por instancias de Naciones Unidas que exhiben el grado de compromiso de los países con la solución de este desafío, en línea con el Acuerdo de París. La movilización y el seguimiento multilateral puede generar un círculo virtuoso en el que los políticos se vean obligados a ofrecer resultados mínimos a sus electores. Prueba de ello es la aparición sorpresiva del presidente Trump en la Cumbre de Acción Climática, reunión a la que no se tenía prevista su asistencia.
Sin duda, el estandarte del rechazo a la permanencia de la inacción climática la lleva Greta Thunberg. La activista sueca pronunció ayer un inusual discurso, como pocas veces se escuchan en la sede de la ONU, al acusar de frente la simulación de gobiernos y diplomáticos para evadir los costos políticos de reducir la huella de carbono, orillando al mundo a un escenario de colapso. Lo interesante es que el rostro opositor trasciende a Greta. Se gesta un potencial movimiento global, al observar la movilización de miles de personas en diversas ciudades del mundo, las cuales, durante el fin de semana, marcharon por las calles exigiendo un cambio real de políticas públicas.
Desde la trinchera diplomática, Naciones Unidas también dio un paso adelante con la difusión del reporte The Heat is On. En él se ofrecen números interesantes que ayudan a la rendición de cuentas y a la asignación de recursos técnicos para superar resistencias: 75 naciones reportan su deseo de mejorar las acciones de mitigación, 37 países actualizarán sus esfuerzos para reducir las emisiones nacionales y adaptarse a los efectos del cambio climático (NDCs), mientras en 85 restantes o carecen de un plan para revisar sus NDCs o no está claro el procedimiento que seguirán para validarlas. Esto último es grave si se toma en cuenta que representan el 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.
Quizá por ello el Debate General de la ONU, que en principio lleva el tema de “Impulsar los esfuerzos multilaterales para la erradicación de la pobreza, la calidad de la educación, la acción contra el cambio climático y la inclusión”, terminó por quitar las esferas del árbol para concentrarse en lo trascendente: sin una mitigación y procesos de adaptación eficientes, todas las demás variables del bienestar social son irrelevantes porque toda forma de futuro está cancelada para la humanidad. Ojalá éste sea el punto de inflexión de un debate para la acción climática.
