¿Cuba nos representa?
Para la mayoría de la sociedad mexicana, Cuba ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, un referente en la lucha por erradicar la desigualdad social, la dictadura y la violación de derechos humanos. Más aún, representa un modelo de sistema político marcadopor el autoritarismo y la represión al que nuestro país ya no desea regresar
Sigue en el aire la incógnita de cuáles han sido los “servicios prominentes” prestados por el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, que sustenten el ser objeto de recibir la Condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca en el grado de collar. La máxima distinción ofrecida a los jefes de Estado por parte de nuestro país, en reconocimiento a una labor extraordinaria y del más alto nivel político que haya tenido gestiones destacables al bienestar nacional o de la humanidad, según lo establece la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles.
Es una incógnita porque, como sucede en muchas otras naciones, para la mayoría de la sociedad mexicana, Cuba ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, un referente en la lucha por erradicar la desigualdad social, la dictadura y la violación de derechos humanos. Más aún, representa un modelo de sistema político marcado por el autoritarismo y la represión al que nuestro país ya no desea regresar, tras décadas de una intensa búsqueda de convivencia democrática.
Es evidente que el Partido Comunista fue, paso a paso, traicionando los ideales de la Revolución Cubana, liderada en su momento por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio. Una revolución hecha para sustituir la dictadura de Fulgencio Batista por un gobierno garante de libertades y progreso. En promesas incumplidas quedaron aquellos ideales revolucionarios trazados desde las mesas del Café La Habana de avenida Bucareli en la Ciudad de México por el propio Castro y Ernesto Che Guevara. Años en los que se les pensaba como héroes transformadores y cuya contribución se daba por hecha con la toma del control de gobierno en 1959.
Es así porque hoy resulta complejo diferenciar entre los usos y costumbres de la dictadura de Batista y el gobierno comunista cubano, en la relación poder público-ciudadanía. Así lo prueban organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la cual alerta de la persecución permanente y encarcelamiento indiscriminado de cientos de disidentes; mismos que son objeto de abusos graves al interior de las prisiones para desalentar la demanda democrática y el pensamiento crítico hacia un gobierno totalitario.
La misma ONU ha documentado 15 tipos de torturas aplicadas a presos políticos, acompañadas de aislamiento y negativas de acceso médico ante signos evidentes en el deterioro de su salud. Pero la descomposición política de la isla no sólo se expresa en términos de derechos humanos, sino en el fracaso de la erradicación de la pobreza comprometida por la revolución castrista: sólo 28% de los cubanos vive por arriba de la línea de pobreza, mientras que seis de cada diez enfrentan pobreza alimentaria, de acuerdo con el Observatorio Cubano de Derechos Humanos y datos del Banco Mundial.
Si la violación sistemática a las garantías individuales de los cubanos y la falta de legitimidad democrática de su gobierno no nos representa como mexicanos, tampoco nos resulta posible constatar alguna acción personal sobresaliente del presidente Díaz-Canel en beneficio de nuestra sociedad. Por ejemplo, de acuerdo con información pública y los señalamientos hechos por la comunidad médica nacional, el envío de médicos cubanos para atender la emergencia sanitaria de covid-19 no se trató de una decisión humanitaria; sino de una mera transacción de corte financiera, mediante la cual el gobierno cubano recibió un pago de 135 millones de pesos, sin contar el aporte adicional para gastos de transportación y viáticos provista por fuentes mexicanas.
La Condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca se impone a aquellos extranjeros que comulgan con los principios de nuestra sociedad plural. Por ello, no es gratuito que en los años que dejamos atrás el régimen de partido único sólo se ha impuesto esta condecoración a líderes democráticos latinoamericanos sin distingo de su origen ideológico, como han sido Luiz Inácio Lula da Silva, Mauricio Macri, Michelle Bachelet, Juan Manuel Santos, Cristina Fernández de Kirchner o Sebastián Piñera. Al menos cada uno de ellos, estemos de acuerdo con sus políticas o no, respetan la convivencia plural. Por ello, sigue siendo vigente la pregunta, ¿en qué nos representan Cuba y el presidente Díaz-Canel?
