Aspiración en riesgo de descarrilamiento
Son del conocimiento público las quejas recurrentes que los usuarios plantean por las serias deficiencias en el servicio prestado por el Metro, entre ellas: conatos de incendio en vagones, presencia de humo en andenes, escaleras eléctricas inservibles y fallas mecánicas. Hasta que la falta adecuada de mantenimiento e inversión volvió a sorprender a los capitalinos
Al Gobierno de la Ciudad de México no le bastó el desplome de la Línea 12, junto con sus 26 lamentables fallecidos, varias decenas de heridos y pérdidas millonarias en infraestructura, para rectificar de fondo el grave deterioro por el que pasa el Sistema de Transporte Colectivo Metro. Esto, ni siquiera en la lógica de la precampaña presidencial anticipada de la jefa de Gobierno, la cual ya fue impugnada ante la Fiscalía General de la República por militantes de su propio partido, que acusan a su equipo cercano de la probable comisión de delitos electorales. Ejercicio proselitista que, al menos, debiera traducirse en una administración gubernamental libre de incidentes mortales prevenibles, en especial cuando alguien tuvo la ocurrencia de que “las políticas exitosas en la CDMX” fueran el centro de promoción de la doctora Claudia Sheinbaum, en el marco de las giras que realiza por los estados del país.
En contrasentido, son del conocimiento público las quejas recurrentes que los usuarios plantean por las serias deficiencias en el servicio prestado por el Metro, entre ellas: conatos de incendio en vagones, presencia de humo en andenes, escaleras eléctricas inservibles y fallas mecánicas. Hasta que la falta adecuada de mantenimiento e inversión volvió a sorprender a los capitalinos con un doloroso choque de trenes en la Línea 3, que de nueva cuenta provoca un sensible número de víctimas y pérdidas materiales. Por lo visto, el funcionamiento de las líneas del Metro no sólo sigue operando a partir de Post-its en sus tableros de supervisión, como quedara evidenciado tras el incendio de 2021 en el Centro de Control de este sistema de transporte; sino que continúa siendo una amenaza a las aspiraciones presidenciales de la doctora Sheinbaum.
Representa una amenaza porque cada incidente negativo en la capital del país sólo exhibe las contradicciones en el liderazgo y capacidad de gestión de la jefa de Gobierno. Quizá la más grave para sus aspiraciones, derivada de un pobre manejo de crisis por parte del Gobierno de la Ciudad, es la debilidad en percepción que le genera el obligado arropamiento mediático de gobernadores y liderazgos de Morena. La lluvia de desplegados y declaraciones de estos perfiles partidistas sólo puede ser entendida por los votantes como una escasa pericia de la doctora Sheinbaum para resolver la crisis por sus propios medios. Medios que, por cierto, no son menores. Así, en momentos críticos, donde debiera probar autonomía, su supervivencia es entendida como una dependencia que, en el futuro, le cobrará factura.
Además, la jefa de Gobierno llama a no politizar el choque de trenes ocurrido en la Línea 3, pero la estrategia de comunicación del Gobierno de la ciudad es lo primero que motiva. Tras conocerse este hecho, no fueron las autoridades del sector Movilidad las responsables de reaccionar ante los medios con el fin de orientar —a partir de una narrativa técnica— la conversación pública sobre lo acontecido el sábado pasado. Por el contrario, se privilegió la voz de integrantes políticos de su gabinete —con posibilidades reales de suceder a la doctora Sheinbaum—; los cuales, antes de rendir cuentas de los hechos, empezaron por denostar políticamente toda interrogante legítima de la prensa.
También, el Gobierno de la Ciudad de México promete transparencia en el esclarecimiento de los hechos, pero, de acuerdo con distintas crónicas periodísticas, desde el primer momento sus funcionarios se abocaron a obstaculizar la libre expresión de las víctimas a la salida de las estaciones de Metro afectadas, al inhibir contactos con los reporteros ubicados en el lugar. Sin dejar de lado las inconsistencias en las líneas oficiales de comunicación, al negar recortes o subejercicios en el presupuesto de este sistema de transporte, cuando las cifras de las cuentas públicas del gobierno capitalino y los análisis de especialistas comprueban niveles mínimos de inversión en comparación con los destinados en los últimos diez años, así como millones de pesos sin ejercer por parte de las autoridades del Metro.
Resulta cuesta arriba cuestionar la dedicación e integridad que la doctora Sheinbaum busca imprimirle a su trabajo, pero los alcances de su equipo en el mantenimiento de infraestructura básica y los deficientes criterios de comunicación en torno a su precandidatura amenazan con descarrilar sus aspiraciones en 2024.
