Alertas encendidas en Morena
Resulta entendible que las alertas se encendieran en Morena porque, a la par de este nivelnada excepcional de aprobación, la política pública federal se encuentra reprobadaen todos los temas públicos que más preocupan a los mexicanos.
En términos políticos, falta una eternidad para la celebración de las elecciones federales de 2024, pero algo preocupa de más al interior del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) que decidieron echar toda la carne al asador en el placeo y promoción de sus aspirantes a contender en la sucesión presidencial.
Si la fortaleza de la maquinaria que hizo posible los treinta millones de votos en 2018 siguiera vigente, si las condiciones de la competencia en el relevo les fueran ventajosas —como aseguran tenerlas, un día sí y el otro también—, no habría necesidad de exponer desde ahora a los aspirantes a un desgaste político que se antoja insalvable. Mucho menos de llevar a las distintas corrientes de ese movimiento a un juego de suma cero entre ellas, donde los principales damnificados del conflicto no serán los precandidatos que resulten perdedores, sino el bienestar de la ciudadanía por la distracción de quienes gestionan asuntos de primer orden desde las distintas instancias de gobierno.
Las alertas se prendieron en Morena porque cada vez les queda más claro que dominar la agenda de medios, como de manera eficiente se ha hecho desde la conferencia de prensa de cada mañana, puede ser una variable relevante mas no suficiente para mantener cohesionados a amplios segmentos del electorado en torno a una agenda política y de partido. Conforme avanza el periodo del gobierno federal, queda patente que esta administración, como cualquier otra desde la pluralización institucional del sistema mexicano, muestra las mismas fronteras estructurales de aprobación popular, así se desee posicionar como una fuerza excepcionalmente implacable.
En este sentido, lo corrobora cuantitativamente el portal especializado Oraculus, cuyo análisis de resultados agregados de encuestas deja ver una aprobación presidencial que pasa de 72% a 58% en lo que va de su cuarto año de gobierno. Muy similar a la que —por ejemplo— tuvieran en el mismo momento de su administración los mandatarios Ernesto Zedillo Ponce de Léon y Felipe Calderón Hinojosa, al variar apenas por un punto porcentual (59% y 57%, respectivamente).
Y resulta entendible que las alertas se encendieran en Morena porque, a la par de este nivel nada excepcional de aprobación, la política pública federal se encuentra reprobada en todos los temas públicos que más preocupan a los mexicanos.
Las encuestas difundidas en medios de comunicación coinciden no sólo en la baja calificación que los electores otorgan a la política económica, a la de seguridad pública e incluso a la del combate a la corrupción; sino manifiestan un estado de ánimo por demás escéptico respecto de una posible mejora a la situación económica, así como de vivir un futuro laboral más alentador. Esto representa un verdadero caldo de cultivo para el voto de castigo si, como afirman lo politólogos, los electores determinan en gran medida su preferencia con base en evaluaciones presentes y prospectivas de su situación económica.
Es por los crecientes riesgos a la continuidad del proyecto político de Morena, más que por sus eventuales fortalezas, que ese movimiento resolvió adelantar la carrera presidencial. Sin embargo, sus aspirantes tienen alta probabilidad de terminar siendo víctimas de las formas de gobierno establecidas por el régimen. Primero, porque cada uno de ellos carece de una agenda propia y, por lo tanto, de logros personales y tangibles que se puedan adjudicar en su proselitismo prematuro. Muy por el contrario, cada vez surgen mayores escándalos y deficiencias de su gestión administrativa, a veces provocados por sus incipientes equipos de trabajo, a veces transparentados por terceras partes con las que interactúan.
Segundo, porque en un contexto social delicado —en el que prevalece malestar por la espiral inflacionaria, la débil recuperación económica y una mayor criminalidad en todo el territorio nacional—; el poco esmero con el que los aspirantes dan seguimiento a los asuntos públicos bajo su responsabilidad, con tal de ir a emitir la arenga a los mítines partidistas, seguramente terminará siendo mal evaluado por los segmentos de votantes que ven impactados los ingresos y la seguridad de sus hogares. Y...
Tercero, la incertidumbre en la fiabilidad del método de selección de candidatura propicia condiciones para una campaña mucho más agresiva ante la necesidad de imponerse en la contienda interna y, en consecuencia, a desarrollar un proceso tendiente a situaciones de conflicto, en el mejor de los casos, o de brazos caídos y ruptura, en el peor de ellos. Así lo ha dejado ver la parcialidad y falta de pericia con la que el dirigente nacional de Morena ha generado costosas rupturas en las elecciones estatales, varias de las cuales se han traducido en derrotas en las urnas. El Movimiento Regeneración Nacional está lejos de tener un día de campo en 2024 y por eso da muestras de tener las alertas encendidas.
