28 años de abandono
Morena y sus antecesores ya no pueden culpar a gobiernos pasados. La urbe no pide retórica ni frases altisonantes, exige agua, transporte seguro y calles que no se abran bajo los pies de sus habitantes
Han pasado 28 años desde que la izquierda se instaló como la fuerza dominante en el gobierno de la Ciudad de México. Desde Cuauhtémoc Cárdenas con el PRD hasta Clara Brugada con Morena, la promesa fue transformar con rostro humano, atender las deudas históricas y resolver los rezagos que otras administraciones dejaron. Pero hoy la capital exhibe una vulnerabilidad estructural que no se puede ocultar: calles que se hunden, un Metro que se incendia o colapsa, y un sistema hidráulico que cobra caro por un servicio deficiente.
El fenómeno de los socavones es quizá la metáfora más brutal de este fracaso. En 2025 se contabilizaron más de 160 hundimientos en la ciudad, siendo la alcaldía Gustavo A. Madero la que encabeza la lista. En varias colonias se vive con el miedo de que un automóvil, un camión o una vivienda, terminen enterradas bajó la tierra, como ocurrió en la colonia Renovación donde un camión refresquero acabó prácticamente tragado por completo por el socavón. No son accidentes fortuitos, es el resultado de tuberías rotas, fugas interminables y ausencia de mantenimiento. A ello se suman los más de 60 mil baches que aparecen cada temporada de lluvias, de los cuales apenas la mitad se atienden.
En este contexto, resultan ofensivas las declaraciones de la presidenta de Morena, quien fuera secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, quien afirmó que “donde gobierna Morena no hay baches”. Quien viva en la Ciudad de México sabe que esta es otra de las mentiras que de manera constante dice Morena. Basta con transitar por Insurgentes, Viaducto, calzada Ignacio Zaragoza o por Periférico: vías que están repletas de hoyos o se inundan dejando carros sumergidos en el agua; así como la contradicción entre la realidad y la narrativa oficial, que es tan evidente que reduce a burla las palabras de la funcionaria.
La otra cara del deterioro es el Metro, columna vertebral del transporte capitalino. En los últimos años, la lista de incidentes parece interminable: incendios en subestaciones, trenes detenidos entre estaciones, filtraciones de agua en túneles, así como el colapso de la Línea 12 en 2021, tragedia que dejó 26 muertos y decenas de heridos. Lo más grave de esta tragedia fue el hecho que las autoridades demeritaron y tacharon de mentiras el peritaje de una empresa extranjera que fue contratada por el propio gobierno de la Ciudad de México, el cual resolvió que la caída fue por la falta de mantenimiento en esa Línea. Hoy varias sufren cierres parciales por “rehabilitación”, pero los usuarios saben que detrás de esa palabra se esconde una larga cadena de negligencias y corrupción.
El agua es otro capítulo doloroso. Vecinos en distintas alcaldías han denunciado cobros excesivos por un servicio que no llega o llega contaminado.
La percepción ciudadana confirma el deterioro. Varias encuestas que son publicadas en diversos medios de comunicación revelan que los principales problemas de la CDMX son la corrupción, el crimen organizado, la inseguridad y el transporte público, con el Metro a la cabeza. No se trata de una percepción aislada, sino del diagnóstico de los ciudadanos quienes vivimos y padecemos en la ciudad.
Después de casi tres décadas de hegemonía, Morena y sus antecesores ya no pueden culpar a gobiernos pasados. La urbe no pide retórica ni frases altisonantes, exige agua, transporte seguro y calles que no se abran bajo los pies de sus habitantes.
La soberbia política no tapa los hoyos ni repara las grietas. Una ciudad que se hunde no perdona la negligencia de quienes gobiernan con promesas y no con resultados.
