Romero Deschamps desafía al gobierno

En unas cuantas palabras, demostró quién manda en Pemex.

Lo que le faltaba al gobierno peñista: que uno de los suyos, el todopoderoso líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, lo desafiara y advirtiera que no habrá despidos de sindicalizados por el recorte presupuestal a Pemex. La víbora se muerde la cola.

Hace un mes, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, aseguró que el recorte de personal en Pemex también alcanzaría a los trabajadores sindicalizados. “Es la parte más dolorosa de esta realidad”, advirtió Coldwell. (Excélsior/Nayeli González/21/II/2015).

¿Qué pasó después?

Romero Deschamps —engallado, retador— le corrigió la plana no sólo a Coldwell, sino al propio gobierno, y en plena celebración —habrá que llamarla de alguna manera— del 77 Aniversario de la Expropiación Petrolera, lanzó públicamente el desafío:

“Para su desencanto, podemos afirmar que no hay tales convenios para liquidar a miles de trabajadores petroleros”. Queda claro, ¿verdad?

En una parrafada, Romero Deschamps exhibió como mentiroso a Coldwell.

En unas cuantas palabras, Romero Deschamps demostró quién manda en Pemex.

En una frase, Romero Deschamps proclamó quién es el todopoderoso de la industria petrolera mexicana.

Y aléguenle.

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El desafío de nuestros días de Romero Deschamps nos recuerda un episodio ocurrido hace 29 años, en Palacio Nacional.

El entonces presidente Miguel de la Madrid recibió a la plana mayor del STPRM con motivo del tradicional saludo de año nuevo. El secretario general era el quinista José Sosa Martínez, quien en una frase ya memorable, tan inesperada como desafiante, le dijo al Presidente de frente y sin titubeos:

“Si se hunde Pemex, se hunde usted, nos hundimos todos…”.

La voz de Sosa Martínez era, en realidad, la voz de Joaquín Hernández Galicia, rival político de Miguel de la Madrid y de su equipo, incluyendo, por supuesto, a Carlos Salinas de Gortari a quien, en 1988, La Quina le jugó las contras electorales, y ello le costó la cárcel en enero de 1989.

Aún más. Sosa Martínez atizó hace casi tres décadas:

“Quienes dicen que el sindicato está sobreprotegido, hacen que cada director en turno, por desconfianza, rellene a Pemex de más empleados de confianza para enfrentarse al sindicato, para vigilar que los trabajadores no se lleven un tornillo o una tachuela. Esta desconfianza es la verdadera razón de que Pemex no marche eficientemente...”.

Hoy, la historia se repite. Con otros nombres. Con otros hombres.

El empoderado líder petrolero en turno desafía, una vez más, al gobierno. A su aliado. A su Presidente. Bajo otras circunstancias, pero con la misma soberbia indeleble al paso del tiempo.

¿Que no?

Compare usted, lector de estos Archivos del poder, lo que en 1986 advirtió Sosa Martínez, con lo afirmado por Romero Deschamps el miércoles pasado. Más de sus dichos:

“Así como hay gente que le apuesta a la descomposición del orden social e institucional para, a partir de ahí, según ellos, construir uno nuevo, así hay quien insiste, en su visión supuestamente progresista, en demeritar a los trabajadores petroleros argumentando que reducir su número es indispensable para mejorar el desempeño del país”.

El líder del sindicato petrolero —soporte político y financiero del PRI— está engallado.

¿Qué le da valor? Su poder político y financiero. Romero Deschamps es todopoderoso (a mayores detalles, ver capítulo Capo di tutti capi de mi nuevo libro: Los demonios del sindicalismo mexicano (Aguilar/Random House).

Ya Romero Deschamps les enmendó la plana: no habrá despidos de trabajadores sindicalizados en Pemex.

Ya veremos qué responde el gobierno.

O, al menos, si se atreve a responder.

ARCHIVO CONFIDENCIAL

FOX Y SUS BURRADAS. Acostumbrados estamos a los absurdos verbales del expresidente. Ha cumplido fielmente aquello del final de su sexenio de que “...como ya me voy, puedo decir cualquier tontería”. Cierto: Vicente Fox es un ente que sobrevive diciendo tonterías. Pero afirmar que los padres de los estudiantes de Ayotzinapa “no pueden vivir eternamente con el problema en la cabeza... qué bueno que quieren tanto a sus hijos, qué bueno que los extrañen y los lloren, pero ya tienen qué aceptar la realidad...”, es una canallada de Fox. Un agravio. Fox no tiene derecho a burlarse, con ironía burda e insana, de los padres de familia, quienes perdieron a sus hijos, mientras Fox —a sus hijastros Bribiesca Sahagún— los enriqueció de manera impune. ¿O acaso, señor Fox, “aceptar la realidad” es callarse y no protestar? Mal hace Fox en pedirles que “no vivan eternamente” con el recuerdo de sus hijos. Si a Fox le mataran a uno de sus hijos, ya veríamos si diría más burradas sobre ese doloroso tema.

                Twitter: @_martinmoreno

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