Negociar en los nuevos tiempos

Los desafíos que hoy se presentan no tienen precedentes

El arte de la negociación requiere, más ante los tiempos inéditos que vive el mundo, un mayor conocimiento de la contraparte de la que se quiere obtener alguna ganancia. Es por ello que una concesión obtenida durante este ejercicio no es ni lo último que se busca ni es para siempre. De hecho, la vida está llena de negociaciones, muchas de las cuales no son definitivas; es decir, siempre hay negociaciones continuas conforme van cambiando los escenarios.

Para ello, principalmente en la negociación política, hay que tomar en cuenta que de lo que se trata es de obtener una ventaja para un individuo o un colectivo, así como obtener resultados que satisfagan diversos intereses. Es por ello que el acuerdo puede ser beneficioso para todas o alguna de las partes involucradas. Hoy, el reto de la negociación es obtener resultados para ambas partes; sin embargo, cuando se negocia con alguien o algunos que no están dispuestos a ceder beneficios, el ejercicio se vuelve muy riesgoso para quien carece de experiencia en la negociación y llega debilitado ante la contraparte.

Muchos observan con preocupación la llegada de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos; un hombre acostumbrado a no dejar ganar a sus rivales, lo que para él ya es de suyo una ganancia. Lo hemos observado en su primer periodo de gobierno al frente de la mayor potencia mundial (2017-2021) y ahora, con mayor vehemencia, en su segundo mandato que concluirá en 2029.

Lo cierto es que un nuevo orden se está configurando en el hemisferio y el mundo; los desafíos que hoy se presentan no tienen precedentes, lo que pone en riesgo la seguridad regional que se encuentra bajo amenaza, más cuando los países más débiles económica y democráticamente están bajo el yugo de gobiernos autoritarios, cuyas prácticas antidemocráticas y en contra de la libertad en todos los sentidos, aunadas a las alianzas estratégicas con regímenes adversarios a los principios libertarios, provocan mayores tensiones internacionales y un escenario turbulento que, incluso, es propicio a intereses de potencias nucleares proclives al totalitarismo.

Es imposible no pensar en las diferencias de tamaño que existen entre los negociadores. Si bien, en los 35 años transcurridos entre 1984 y 2019 las tasas de crecimiento real del Producto Interno Bruto (PIB) de la economía mexicana fueron modestas (2.3%, en promedio), en ese mismo periodo los números de las exportaciones e importaciones respecto del PIB pasaron del 15.3 al 35 .2 por ciento y del 7.5 al 33.8%, respectivamente. De esta forma, el grado de apertura de la economía de nuestro país despegó del 22.8 al 69 por ciento, convirtiéndose en pocos años en una de las economías más abiertas del mundo, pero con bajo crecimiento.

De ahí que una falta de acuerdo entre ambos países provocaría un trastorno económico que necesariamente afectaría al ámbito global en pleno siglo XXI. De ese tamaño es lo que en estos 30 días está sobre la mesa.

  • LOS RIESGOS MIGRATORIOS

Mientras la crisis migratoria se agrava, el gobierno ha recortado el presupuesto a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), lo que ha debilitado a las instituciones encargadas de atender a los migrantes, más ahora que en la práctica nuestro país se ha convertido en el llamado “Tercer País Seguro” como parte de la política estadunidense de deportar a territorio mexicano a todo aquel indocumentado, sea de la nacionalidad que fuere. Miles de personas enfrentan hoy largas esperas y un sistema al borde del colapso. Es por ello que la oposición representada por partidos políticos que no han sido “doblados” por el oficialismo, como el PRI, han insistido al arrancar el segundo periodo ordinario de sesiones en el Congreso en denunciar la falta de soluciones y la indiferencia de las autoridades. Exigen ampliar el presupuesto para fortalecer la red consular y garantizar apoyo a los migrantes.

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