Así no se puede

El problema se acrecienta no sólo por la corrupción que prevalece en los cuerpos policiacos del estado, sino a raíz del enfrentamiento que existe entre el nuevo gobernador veracruzano, Cuitláhuac García, y el fiscal general del estado, Jorge Winckler Ortiz

Una muestra más de la descomposición social en varios estados del país es lo que aconteció la noche del pasado viernes santo en Minatitlán, Veracruz.

En las últimas horas, las propias autoridades veracruzanas han revelado que una línea de investigación de lo sucedido apunta a pleitos entre los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y los Zetas por el control de “la plaza” en cuanto a la venta de drogas se refiere.

El problema se acrecienta no sólo por la corrupción que prevalece en los cuerpos policiacos del estado, sino también a raíz del enfrentamiento que existe entre el nuevo gobernador veracruzano, Cuitláhuac García, y el fiscal general del estado, Jorge Winckler Ortiz. El pleito entre ambos ha escalado a la arena política, lo que ha polarizado a las diversas fuerzas partidistas de la entidad.

Es decir, quienes están encargados de la seguridad de los veracruzanos, en una primera instancia, están enfrentados entre sí y cada uno “trabaja” por su lado sin existir siquiera el mínimo de coordinación entre la fiscalía veracruzana y las dependencias del gobierno estatal, aunque declaren lo contrario.

Simple y sencillamente el resultado del combate a las mafias criminales que operan en el estado es nulo. No puede haber posibilidades de éxito en la lucha contra la delincuencia si quienes encabezan a las instituciones encargadas de ello no se pueden ver “ni en pintura”.

Hace varios años, el entonces secretario de Seguridad Pública del gobierno federal en el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna, se quejaba de que los gobernadores y sus procuradores estatales se negaban a compartir datos con la Federación en lo referente a las acciones de la delincuencia en sus comunidades, lo que dificultaba los operativos federales en contra de los capos de las mafias criminales. Y mire cómo nos fue.

Hoy día, acabamos de “romper” la marca de homicidios dolosos ocurridos en un trimestre con 7 mil 242 carpetas de investigación. Es la cifra más elevada de que se tenga memoria desde que, en 1997, se sistematizó la medición nacional de hechos violentos. En medio de la crisis de seguridad que vive el país todavía hay quienes se empeñan en buscar culpables en lugar de “tomar al toro por los cuernos” y admitir que sólo con la participación social seremos capaces de superar el caos en que nos encontramos.

Ha llegado a tal nivel el enfrentamiento entre García Jiménez y Winckler Ortiz que la misma noche del viernes pasado, apenas ocurrida la masacre de Minatitlán, el mandatario estatal tuvo el atrevimiento de sacar “raja política” contra la Fiscalía General del estado.

A través de un tuit el gobernador afirmó: “... No habrá impunidad a pesar de las eternas investigaciones de la FGE. Seguiremos con más detenciones”.

Y para atizarle al conflicto entre ambos personajes, el secretario de Gobierno veracruzano, Eric Patrocinio Cisneros, escribió: “En el @GobiernoVer no vamos a parar hasta encontrar a los responsables, a pesar de que la @FGE_Veracruz ni investiga ni resuelve. No habrá impunidad”.

Winckler Ortiz fue nombrado fiscal del estado en el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares. Durante el mandato del panista, se caracterizó por una intensa confrontación con familiares de personas desaparecidas y por bloquear a periodistas de sus redes sociales.

Durante la campaña electoral del año pasado, Cuitláhuac García prometió que al asumir el cargo buscaría la destitución de Winckler Ortiz. En los primeros días del gobierno del morenista se acumularon más de siete solicitudes de juicios políticos contra el fiscal. Sin embargo, cuando las solicitudes fueron analizadas en el Congreso de Veracruz —donde Morena es mayoría— no alcanzaron los votos suficientes para iniciar “juicio de procedencia” contra el fiscal por lo que hasta el día de hoy sigue en el cargo.

Obviamente, el recelo con el que trabajan ambos funcionarios se “contagia” al resto de sus equipos, lo que redunda en nulos resultados en la acción gubernamental contra el crimen organizado, que cada día da muestras de “mayor penetración” en la sociedad veracruzana, al grado de que el gobernador del vecino estado de Oaxaca, Alejandro Murat, ha anunciado “el cierre” de sus fronteras con Veracruz para evitar que el “efecto cucaracha” afecte a los oaxaqueños.

Ni para dónde hacerse.

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