La oscuridad electoral

A falta de luz, oscuridad. A medida que el proceso electoral avanza y que tendrá su clímax el primer domingo de julio próximo, cuando millones de mexicanos vayamos a las urnas, la guerra sucia y las campañas negras se hacen ...

                A falta de luz, oscuridad.

A medida que el proceso electoral avanza y que tendrá su clímax el primer domingo de julio próximo, cuando millones de mexicanos vayamos a las urnas, la guerra sucia y las campañas negras se hacen presentes; ello a pesar del cansancio y el hartazgo de la ciudadanía, confundida por disposiciones legales hechas para “darles la vuelta” y ante la falta de propuestas y campañas propositivas por parte de los contendientes.

Los estrategas e integrantes de los “cuartos de guerra” (o guerra sucia) de los candidatos deberían tomar nota de aquellas cosas que los electores requerimos, así como de todo aquello de lo que estamos hartos: Queremos soluciones y propuestas y estamos hartos de las llamadas fake news o de medias verdades que terminan siendo mentiras completas.

Las redes sociales han jugado un papel protagónico en la difusión de información falsa y rumores; sin embargo, los electores debemos estar alertas y preparados para diferenciar entre una noticia verdadera y una inventada desde los “cuartos de guerra” (sucia), pues de contribuir a la difusión de notas falsas se quedan en el camino funcionarios que podrían ser gobernantes capaces. Ése es el gran reto que enfrentamos hoy los ciudadanos y ante lo cual estamos poco preparados.

Ejemplos de lo anterior sobran, tanto a nivel federal como en el ámbito local, principalmente en aquellos estados que vivirán una jornada electoral intensa, ya que tendrán comicios para sus propios congresos y gubernaturas. Entidades como Chiapas, Guanajuato, Ciudad de México, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán se vuelven vitales para la democracia de cada lugar, ya que renovarán a sus gobernadores y, en muchos casos, sus alcaldías.

Entre algunos “botones de muestra” de esa guerra sucia que cae mal al elector está el del precandidato del PRI a la alcaldía de Mérida, Víctor Caballero Durán.

Los adversarios de Caballero decidieron aplicar terapia de resucitación (RCP) a una información a todas luces falsa, con la finalidad de revivir el Frankenstein de las fake news: Las famosas Crecicuentas.

Ya en 2015 lo habían acusado de ser socio de una empresa que defraudó, a través de una caja de ahorro, a centenares de yucatecos.

La “brillante” idea, ahora, es revivir la información; es decir, repetir la fórmula. Hay que señalar que el caso ya ha sido investigado, juzgado e —inclusive— los responsables estuvieron presos y actualmente se mantiene la atención a las personas que sufrieron el quebranto. Pero, además, está probado mediante todos los medios legales que Caballero no tiene nada que ver en el asunto.

Como ese caso hay muchos más en la escena política, estrato en el que lo que más cuenta es la “percepción” (según los analistas). No obstante, a falta de ética, algunos creen que al manchar la reputación y trayectoria de los opositores se pueden ganar adeptos.

En realidad, habría que decirle a esos “estrategas” que los ciudadanos no confiamos en el menos malo, sino que esa mala reputación mancha a todos y daña severamente la credibilidad y confianza en toda la clase política y, por ende, afecta la gobernabilidad del país.

Hoy, lo que necesitamos los electores no es la “guerra sucia”, sino la confianza de pertenecer a un electorado cuyos políticos se preocupan por convencer con propuestas y no con “lodo”, lo que finalmente termina por manchar a todos.

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