¿Ese INE será el árbitro?

La llegada de Guadalupe Taddei al Instituto Nacional Electoral, traje al gusto de quien entonces ocupaba la Presidencia de la República, presagiaba malos días para la siempre inacabada democracia, pues Morena llevó hasta ese cargo a una de las suyas, mujer con varios familiares en cargos públicos ligados al partido en el poder.

De ese modo no podía presagiarse un manejo correcto de los fondos públicos, respeto hacia el personal del INE ni mucho menos imparcialidad de quien debe garantizar rectitud de los procesos electorales y sus resultados. Por desgracia, quienes temíamos lo anterior ahora vemos confirmarse nuestros temores. El INE no está en buenas manos.

El martes de esta semana se reveló que Jonathan Navarrete Torres, quien figura en la nómina como chofer de Taddei, es un espectro, un ser inmaterial, pues nunca aparece en el instituto, aunque, eso sí, tiene un sueldo de 45 mil 765 pesos mensuales. Pero si alguien lo extraña, cabe decir que cuenta con un doble que, además, es su tocayo y se ostenta como apoderado de la empresa Corporativo Zeg, que, casualmente, es proveedor de cajas y otros materiales que compra el INE.

Pero no se piense que por la ausencia de Jonathan doña Guadalupe tiene que viajar en Metro o en camión ni mucho menos a pie, pues el INE es generoso con sus altos funcionarios y la señora tiene asignado a ooootro empleado para que maneje su camioneta Tiguan. Se trata de Luis Alberto Bustamante Canizales, que en la nómina figura como “líder de proyecto”, por lo que recibe un sueldo de 70 mil pesos mensuales, de acuerdo con la información del diario Reforma, que no aclara si “Luisito”, como cariñosamente lo llama su jefa, cobra también horas extra, viáticos y algo más, que para eso se pintan solos.

La señora Taddei, quien llego al INE en 2023, se caracteriza por su actuación arbitraria y su afán de convertir la institución en un changarro al servicio de lo más pestilente del morenismo. Los cambios de funcionarios, en más de un caso con nulo acierto, han sido el sello de su gestión, con decisiones que ignoran o pasan sobre la opinión de otros consejeros.

Como se puede esperar de su prepotencia, en el INE priva hoy un desgarriate donde cientos de trabajadores se saben expuestos al despido o cualquier sanción si no se disciplinan con el despotismo interno. Los fondos públicos se han convertido en botín de los amigos, socios y favorecedores, y ante las voces de consejeros que piensan con su propia cabeza, hay una sordera que empieza a cobrar facturas.

Por lo pronto, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), órgano de investigación fiscal de la Secretaría de Hacienda, ya tiene en la mira una red de siete empresas y dependencias del propio INE, porque se ha detectado que las adquisiciones no son sometidas a concurso o se simula competencia inexistente y la presencia de “factureras”, entes que expiden facturas falsas que supuestamente amparan compras nunca realizadas o convenidas a precios distintos. 

Entre 2023 y 2024, la UIF bloqueó más de 400 cuentas bancarias de siete empresas y 13 personas físicas, pues hay toda una red de corrupción que triangula recursos para que se pierda la pista de esos dineros, se simulan compras y ventas inexistentes y todo es tan irregular que el Departamento del Tesoro estadunidense ya ha sancionado a varios involucrados.

En tan oscuro panorama, es destacable que varias de las irregularidades se hayan cometido en Sonora, cuando Taddei era cabeza del organismo electoral de esa entidad, aunque ahora las transas se despliegan a una escala mucho mayor, lo que explica que el INE, que cuenta con un enorme presupuesto, demande un gran aumento.

En suma, el órgano electoral que sustituyó a la Comisión Electoral del régimen priista, el instituto que nos hizo confiar en los resultados oficiales de los comicios, ha caído en el descrédito por la atrabiliaria gestión actual. Lo menos que deberíamos esperar los ciudadanos es la defenestración de la consejera presidenta del INE, pero son sueños guajiros. Todo indica que veremos repetirse la historia de Segalmex, del huachicol y de todo el robadero en el sector público. Caen los segundones, cuando no pobres diablos, pero no los capitostes. Esos son intocables.