Hablar de tráfico va más allá de temas de movilidad, infraestructura vial o tiempos de traslado, pues detrás de cada congestionamiento existe un problema más profundo: el deterioro de la calidad de vida de millones de personas.
Lo que se pierde entre automóviles, autobuses y avenidas saturadas no son solamente minutos, son oportunidades de descanso, cuidado personal o de salud, convivencia social o familiar o, simplemente, de contar con tiempo libre.
El estudio “Costo del tráfico 2026: la factura invisible de la congestión”, publicado recientemente por el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), en conjunto con Dat’s Why, expone que, en México, la congestión vial genera un costo económico de 203 mil 300 millones de pesos anuales en sólo 44 zonas metropolitanas. En promedio, cada persona en nuestro país pierde en el tráfico 111 horas al año, con un costo de 5 mil 645 pesos, equivalentes a casi 18 días de salario mínimo.
Sin embargo, esas cifras pueden adquirir otra dimensión si se analizan más allá de los indicadores económicos. Esas horas podrían representar decenas de sesiones de ejercicio, cursos profesionales, tardes de convivencia familiar, actividades recreativas o momentos de descanso. En síntesis, el estudio evidencia que el tráfico profundiza una desigualdad pocas veces dimensionada, como es la imposibilidad de disponer libremente del propio tiempo.
Y es que, en una sociedad hiperconectada, orientada a la productividad y acostumbrada a hacer y obtener todo cada vez más rápido, disponer de tiempo libre para dedicarlo a lo que realmente se desea, más allá de las obligaciones y exigencias de la vida cotidiana, se ha convertido en uno de los mayores lujos. Hoy, el tiempo es un bien cada vez más escaso, valioso y desigualmente distribuido.
Pero “el tráfico no cuesta lo mismo para todos”, advierte el estudio. Las personas con menores ingresos suelen vivir en las periferias, alejadas de los principales centros de empleo y actividad económica, lo que las obliga a realizar trayectos más largos. Además, son quienes dependen en mayor medida del transporte público y, de acuerdo con el informe, enfrentan las mayores pérdidas de tiempo y costos asociados a la congestión vehicular. Así, el tráfico no solamente afecta la movilidad y la calidad de vida, sino que también profundiza las desigualdades sociales y económicas.
Y ese costo no termina con el trayecto. El estrés acumulado, el cansancio, la tensión y la exposición cotidiana a situaciones de inseguridad pueden trasladarse a los hogares, afectar las relaciones personales y comprometer el bienestar físico y emocional. La congestión vehicular que se vive en las principales ciudades de nuestro país es, por tanto, un problema transversal que repercute en la salud, la economía, la seguridad y la convivencia social.
La situación resulta particularmente preocupante en la Ciudad de México, donde cada persona pierde, en promedio, 211 horas anuales, lo equivalente a nueve días completos. El costo económico del tráfico aquí asciende a 81 mil 748 millones de pesos anuales, cerca de 40% del total nacional, con una afectación estimada de 10 mil 721 pesos por persona. Y aunque esta última cifra representa el valor del tiempo perdido y no necesariamente un desembolso directo, permite dimensionar su equivalente en recursos que podrían cubrir uniformes escolares, medicamentos, cuotas educativas o necesidades básicas en cada hogar.
Por ello, resolver el problema del tráfico en la CDMX debe convertirse en una prioridad de bienestar social. Mejorar la movilidad es posible mediante alternativas al transporte privado y una planeación urbana que priorice la calidad de vida y no sólo la construcción de más vialidades. Porque no se trata únicamente de reducir minutos de traslado, sino de devolver el tiempo a las personas.
