La falta de previsión

De manera contrastante con las medidas de prevención que se adoptan ante un desastre natural, como los huracanes que han golpeado al Pacífico mexicano en las últimas semanas como ya es costumbre en estas fechas de cada año, se encuentra la falta de previsión de nuestra ...

De manera contrastante con las medidas de prevención que se adoptan ante un desastre natural, como los huracanes que han golpeado al Pacífico mexicano en las últimas semanas como ya es costumbre en estas fechas de cada año, se encuentra la falta de previsión de nuestra sociedad frente al surgimiento de cualquier contingencia, sea natural o accidental frente a las desgracias de las cuales nadie se salva cuando ocurren.

Reflejo de lo anterior es la falta de un número nacional de emergencias que, contrario a lo que ocurre en otros países, en México no ha podido ser implementado por falta de “voluntad política”, como me diría hace unos días Alejandro Martí, presidente de la organización social Mexico SOS luego de anunciar que ya se trabaja con los legisladores en la búsqueda de aprobar cambios a la ley con la finalidad de establecer, de una vez por todas, un sólo número telefónico para concentrar las llamadas de emergencia ante cualquier eventualidad.

Afirman los expertos que existe una diferencia fundamental entre “prevención” y “previsión”. La prevención es el conjunto de medidas que se toman una vez que se sabe de qué naturaleza va a ser el acontecimiento que no tarda en ocurrir. Siempre hay que estar prevenidos ante cualquier contingencia. Sin embargo, la previsión es diferente: tiene que ver con protocolos de actuación previa a que suceda cualquier acontecimiento con la finalidad de calcular los daños que pudiera provocar en una comunidad. La previsión es la herramienta fundamental ante cualquier acontecimiento para la toma de decisiones antes de  que ocurra una emergencia. No es lo mismo prepararse para un huracán, cuando ya sabemos que éste va a pegar a una hora determinada, que prepararse para un terremoto, el cual no tiene fecha ni hora para presentarse. La incertidumbre ante los imprevistos juega un papel muy importante. De tal manera que en México mucho se ha trabajado en los últimos años por tomar medidas de prevención ante una contingencia, pero no nos hemos preocupado por prepararnos para los imprevistos y prueba de ello es que ni siquiera contamos con un número telefónico único para reportar emergencias o cualquier tipo de circunstancia urgente como un robo o un asalto.

Es común que en la casa de cualquier ciudadano existan pegados en el refrigerador o junto al teléfono una gran cantidad de “listas” con números para marcar en cada caso urgente. De tal manera que hay un número telefónico para reportar fugas de gas, otro para llamar a los bomberos, otro para la Cruz Roja, otro más para llamarle a la patrulla del “cuadrante” a que corresponde nuestra vivienda, uno más para reportar coches robados o para denunciar llamadas de extorsión. En fin, es imposible tener a la mano, y mucho menos recordar, tanto número cuando se presenta una emergencia.

Por lo pronto, en los primeros días de septiembre se llevó a cabo una reunión entre legisladores de la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados con el secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Jorge Carlos Hurtado Valdez, y representantes de varias organizaciones de la sociedad civil, para analizar la iniciativa que contempla establecer el 911 como número único de emergencia en sustitución del 066. Para ello se plantea reformar el artículo 130 de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública que ya está en el Palacio Legislativo de San Lázaro para su análisis en comisiones.

Usar un número único de emergencias requiere de establecer la plataforma tecnológica adecuada, situación que está en manos de las empresas de telefonía, así como trabajar en los centros de atención con la finalidad de verificar su capacidad de respuesta frente a la demanda de la población.

Los parámetros internacionales indican que un sistema de esta naturaleza debe tener un tiempo de respuesta a una emergencia de entre tres y ocho minutos. Actualmente, los centros de atención Telefónica en México se tardan hasta 30 minutos en responder a una contingencia.

Es cierto que con sólo tener un número único de emergencias no basta para cultivar una actitud de prevención entre la población. Pero mucho ayudaría el que ante cualquier desgracia la víctima, en automático, ya sabría a dónde llamar para obtener respuesta inmediata que le pudiera ayudar a salvar la vida, como sucede en los países desarrollados.

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