Mover a México, a la recesión

Enero de 2012. El presidente Felipe Calderón era el orador principal en una de las conferencias estelares en la cumbre económica mundial de Davos. Entonces la eurozona se aproximaba hacia una recesión, en medio de una crisis de deuda y desequilibrios fiscales y cifras ...

Enero de 2012. El presidente Felipe Calderón era el orador principal en una de las conferencias estelares en la cumbre económica mundial de Davos. Entonces la eurozona se aproximaba hacia una recesión, en medio de una crisis de deuda y desequilibrios fiscales y cifras crecientes de desempleo. Estados Unidos no mostraba signos contundentes de recuperación y los países asiáticos perdían dinamismo.

México había salido relativamente rápido de la crisis de 2009 y para 2012 las cuentas fiscales aparentaban buena salud, sobre todo en comparación con un ambiente internacional dominado por la incertidumbre. En su intervención, el presidente Calderón presumía los números de México y se daba el lujo de regañar y dar recomendaciones a Italia, Grecia y al resto de los europeos. En tierra de ciegos, el tuerto es rey. La disciplina macro mexicana que tantos dolores de cabeza había causado en el pasado, era objeto de reconocimiento internacional. En esa ocasión, Enrique Peña Nieto, precandidato del PRI a la presidencia, escuchaba atento entre la audiencia.

Desde su toma de posesión, Peña Nieto quiso ser aun más ortodoxo. Subestimando la fragilidad de la economía mundial y ante un cuestionamiento sobre el impacto recesivo de las medidas de austeridad dictadas por los países europeos a instancias de los alemanes, el nuevo presidente se puso una camisa de fuerza demasiado estrecha e innecesaria: déficit cero en su primer año de gobierno. Era un desplante para la comunidad internacional. Mientras la mayoría de los países sufrían por cuadrar sus cuentas, aquí nos dábamos el lujo de llevar las nuestras a un radical puritanismo.

La opción de Peña Nieto de privilegiar un estricto balance fiscal por encima del crecimiento económico ha sido devastador. En lugar de fortalecer nuestra postura económica terminó debilitándola. La obsesiva idea del déficit cero —además del aprendizaje por el cambio de administración— frenó el ritmo del gasto público provocando abultados subejercicios. La lentitud en la ejecución del gasto en inversión pública —y omisiones como la falta de estrategia en vivienda— tiró la economía.

En el paquete económico 2014, Peña Nieto acepta implícitamente que el déficit cero fue un grave error. En la Ley de Ingresos 2014, solicita en un artículo transitorio modificar el límite de endeudamiento de este año, que representaría un déficit. Tenemos en 2013 un hoyo de 70 mil millones de pesos —0.4% del PIB— que es necesario regularizar con más deuda, ya que una “reducción del gasto podría agravar la desaceleración”.

Es curioso que la SHCP haya reportado al 30 de junio pasado que todo marchaba en orden y que los ingresos alcanzarían las metas proyectadas. Todavía el 20 de agosto el secretario Videgaray aseguró ante los senadores del PRD que no sería necesario reducir el gasto por el buen comportamiento de los ingresos tributarios. Tardíamente reconocen que al haber frenado la economía, también se les cayó la recaudación.

La Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria es muy clara ante escenarios de caída de ingresos: se debe ajustar su gasto en comunicación social, gasto corriente y las percepciones extraordinarias de los servidores públicos. Ninguno de estos rubros tiene relevancia para el ritmo de la economía, sólo causaría algunas incomodidades a la burocracia y a la promoción de la figura presidencial. Los defensores más ortodoxos del equilibrio fiscal ahora proponen, antes que apegarse a lo que señala la ley y apretarle el cinturón al gobierno, ampliar la deuda para mantener el gasto corriente. Y al mismo tiempo seguimos con subejercicio en el gasto en inversión, lo cual nos coloca en un estancamiento económico.

El Congreso no debe aprobar un mayor endeudamiento este año sin que se haya registrado los ajustes al gasto corriente que señala la ley. La petición del Presidente para tener déficit público en este año es el reconocimiento de que se equivocó. Su idea del déficit cero logró mover a México, pero a la recesión.

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