Goles y petróleo por educación

La Copa Confederaciones pondría a Brasil en el centro de la atención a un año de que la fiesta del futbol se celebre en el país donde este deporte es una religión y es jugado por soñadores que cruzan la frontera de lo imposible. Juan Villoro dice que el juego sucede ...

La Copa Confederaciones pondría a Brasil en el centro de la atención a un año de que la fiesta del futbol se celebre en el país donde este deporte es una religión y es jugado por soñadores que cruzan la frontera de lo imposible.

Juan Villoro dice que el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público. En esta copa, los brasileños ampliaron la cancha hacia los barrios marginados y la mente del público estaba no sólo en el campeonato, sino también en un Brasil más justo e incluyente. Las movilizaciones pusieron en entredicho la historia del milagro económico de Lula da Silva. A pesar de que más de 40 millones de brasileños superaron la pobreza, los “indignados” nos mostraron que aún es enorme la desigualdad. Contrario a lo que se esperaba, el verano futbolero en Brasil dejó enormes dudas en los dueños del capital, los mismos que antes pusieron a este país de moda. Las hazañas de Neymar no convencen a los fondos de inversión: le temen a las masas que reclaman una economía para todos.

En los círculos financieros internacionales Brasil ha quedado mal parado, pero el descubrimiento de una sociedad capaz de organizarse, levantar la voz y que su bandera sea la educación es un fenómeno sin precedente en los movimientos recientes. La batalla por la educación en las calles es un reflejo de una sociedad  indispuesta a perder su futuro. Las movilizaciones obtuvieron un gran éxito al provocar que la Presidenta y el Congreso comprometieran mediante una ley 75% de la renta petrolera para educación y otro 25% a salud. Esta decisión le abre a Brasil una posibilidad de consolidarse como la gran potencia latinoamericana.

El día que Dilma Rousseff se enfrentaba a la multitud y se comprometía a invertir en la mejora de la educación, nos llegó la noticia desde Londres de que el presidente Peña había ofrecido a los integrantes del G8 hacer cambios para darle “certeza a los inversionistas privados” en Pemex. En Brasil la renta para educación, aquí para los privados. El debate originado a partir de las declaraciones del Presidente ha puesto en evidencia que seguimos sin contestar la pregunta de los indignados brasileños: ¿Para qué más renta petrolera y qué vamos a hacer con ella?

Desde hace 30 años la aportación de Pemex al presupuesto resulta clave para completar el nivel de gasto necesario, debido a que tenemos uno de los sistemas fiscales más permisivos e ineficaces del mundo. En estos años hemos tenido periodos extraordinarios en materia de ingresos excedentes: con Fox y Calderón más de 100 mil millones de dólares que se fueron al gasto corriente. El debate en torno a qué hacer con Pemex tiene que ver con la falta de legitimidad que tiene en la población la forma en que se ejerce el presupuesto de egresos. ¿Para qué queremos mayores ingresos del petróleo si no beneficiará a las mayorías y buena parte del mismo se irá por el caño de la corrupción?

Todos los días en nuestro país abandonan cinco mil jóvenes la secundaria o preparatoria: un millón en cada año escolar. Tal vez ha llegado el momento de plantear la reforma energética como una reforma educativa de emergencia nacional. ¿Qué hacer con Pemex y con nuestro sistema fiscal para que la renta petrolera se destine a educación? ¿Cómo cambiamos la cancha del debate y el objetivo en nuestra mente para tener un juego tan soñador y revulsivo como el brasileño? La batalla por el futuro la ganarán los países con mejor educación. Brasil ya anotó el primer gol asegurando su financiamiento. O replanteamos nuestro juego, o nos quedamos derrotados —como en la Confederaciones— en el banquillo de la historia. #RentaPetroleraaEducación.

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