Austeridad que mata

Este verano promete ser uno de los más calientes en Europa. El creciente número de desempleados, especialmente jóvenes, está llevando a cuestionar las políticas de austeridad con que los países europeos han enfrentado la crisis en la que están sumergidos desde hace ...

Este verano promete ser uno de los más calientes en Europa. El creciente número de desempleados, especialmente jóvenes, está llevando a cuestionar las políticas de austeridad con que los países europeos han enfrentado la crisis en la que están sumergidos desde hace seis años. En Europa suman 26 millones de personas sin empleo, una cifra récord que se espera se siga incrementando. En todo el mundo se estima que hay 200 millones de desempleados, de los cuales 73 millones son jóvenes.

En la presentación de las perspectivas económicas para este año, la OCDE advirtió un panorama muy sombrío para este grupo de países: el crecimiento será de apenas 1.2%, todavía más bajo que el 1.6% registrado en 2012. Estas naciones han acumulado 14 millones de nuevos desempleados desde 2008, para un total de 49 millones, de los cuales 17.3 millones lleva más de un año sin trabajar. La tasa de desempleo juvenil es el doble del promedio general de 8%, sobresaliendo para el mes de abril Grecia 62.5%, España 56.4% y Portugal 42.5%.

En un discurso atrevido y poco usual para alguien como José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, ante lo sombrío de las cifras hizo un fuerte llamado a “pensar diferente” y a “poner a la gente por delante”. En la reunión ministerial de este organismo y ante representantes de todos los países socios, el mexicano lanzó el reto de equilibrar las reglas del juego en favor de las víctimas de la crisis. Tenemos que pensar, dijo Gurría, en una nueva definición de crecimiento económico, que sea “incluyente” y “no sólo para los grandes dueños del capital”. No es para menos; la desigualdad en los países de la OCDE se incrementó en los últimos tres años más que en los 12 previos a la crisis económica, lo cual refleja la enorme pérdida de bienestar. La confianza de la gente en sus gobiernos se derrumbó: sólo 15% de la población cree que los líderes políticos podrán resolver los problemas.

La falta de confianza en las instituciones no excluye a los organismos internacionales, que han reconocido haber sido incapaces de prever la crisis, su profundidad y siguen sin saber cómo salir de ella. Ante esta situación Gurría propone una lectura diferente a la OCDE y plantea que el funcionamiento de las economías, las políticas públicas y la agenda de reformas debe atender un objetivo supremo: el bienestar de la población. “Es tiempo de recordarnos a nosotros mismos que el propósito central de la economía es mejorar la vida de la gente. Para ello, tenemos que admitir que nos equivocamos y revisar nuestra forma de pensar y actuar.”

La nueva ruta que plantea la OCDE contrasta con la rigidez de la Unión Europea, que persiste con sus políticas de austeridad. Sin embargo, parece que no será por mucho, ya que la creciente presión social está mermando la rigidez del discurso de la disciplina financiera. Esta misma semana hubo dos actos muy significativos en este sentido: en su visita a París, Angela Merkel anunció con su colega francés que en julio próximo lanzarán conjuntamente una “ofensiva por el empleo para los jóvenes”. Al mismo tiempo, Bruselas aceptaba extender el plazo para que Francia, España y Holanda alcancen la meta de 3% de déficit fiscal que a todas luces se preveía imposible que lo consiguieran en este año.

A causa de la crisis, se estima que en Europa y Estados Unidos han ocurrido diez mil suicidios. Tan sólo en Grecia, desde que se recrudeció la situación, la tasa de suicidio aumentó 40%, muchos de ellos jóvenes. Aún no se calcula el enorme impacto que va a tener el que millones de jóvenes estén abandonando sus estudios y que no tengan posibilidades de incorporarse al mercado laboral. Si no se actúa pronto, esta generación tendrá menos posibilidades de formar familias; sus bajos ingresos los condenarán a un menor nivel de bienestar, salud y tendrán un mayor riesgo de caer en la delincuencia.

La indignación de una generación que parece estar condenada al fracaso y a la desesperanza está siendo clave para mover el pensamiento económico dominante incluso de las instituciones y organismos internacionales. Ojalá y no sólo en el discurso el empleo para los jóvenes se convierta en una prioridad y tengamos un verano europeo con buenas noticias que repercutan también en América Latina.

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