¡A ver, aguanten!
Recién comienza febrero y ya hay quien asegura ver vencedores y vencidos en el terreno electoral.
Aguanten. Que las encuestas no los engañen, ya se
sabe que de ellas nada cierto resulta, son como las predicciones del Brujo Mayor en el futbol nacional.
Nuestra clase política vive su propia realidad, ésa que
da el “radical” giro de 360 grados. Así de absurdo es su presente. Ridículo, también.
Los candidatos que no son candidatos, pero que se manejan como tales, siguen haciendo campaña a la vieja escuela, con las artimañas del más vetusto merolico. Uno toca la guitarra, el otro se hace el gracioso, el siguiente apuesta por la fraternidad y empatía mustia. Nada nuevo, pues. Parece que a los postulados se les olvida que cerca de 14 millones de jóvenes entre 18 y 24 años son los que definirán al ganador. A quienes pertenecen a esta generación, nada de gracia les hace ninguno de ellos, los ven como chavorrucos dando consejos: “beber no es bueno; yo a tu edad…” o “no votes por éste porque es malo; yo sí te entiendo; los jóvenes son el futuro de México”. Dan, como se dice, pena ajena.
A esos 14 millones de jóvenes les ha bastado ver un gobierno panista y otro priista, el de Calderón, y ahora, el de Peña Nieto, 2006 y 2012, respectivamente, para no querer votar por ninguno de estos institutos. La guerra contra el narcotráfico del panista, el elevado número de muertes y desaparecidos en el actual mandato, por mencionar algo, bastan para no tachar al hombre que representa tanto al tricolor como al albiazul en julio próximo. El morenista sale mejor parado en ese rubro. Su gestión en el DF no fue mirada con tan malos ojos. A él son otros los motivos que lo dañan, pero estoy convencido que de votar por alguien, los jóvenes se acercarían al tabasqueño. Eso no quiere decir que tengas ganada la elección. Sereno, moreno.
Así como el perfil de los candidatos parece anquilosado, aletargado y sin mucho filo, sus tácticas de convencimiento no se quedan atrás. Cada seis años se vuelven a escuchar los gruñidos y gemidos de desaprobación. Cada seis años se erige el dedo enjuiciador: “tú eres un peligro para México” y demás patrañas. Cada seis años, y vuelvo a cabalgar la misma potra, nacen las encuestas rápidas, las encuestas especulativas. Y claro, como sus antepasados, cada cual tiene su propia encuestadora que les da la victoria. Es muy aburrido ver cómo se corretea uno al otro, como en una caricatura de Hanna-Barbera, con el mismo fondo cada época electoral.
¡A ver, aguanten! A nadie van a convencer con argumentos tan endebles como “mis encuestas dicen que…”, “a mí ya me posicionan en segundo…”. ¿Acaso no se han dado cuenta que las mediciones más certeras y reales son las redes sociales? Y déjenme decirles, candidatos, que hay muchos memes de ustedes en ellas. Y quiénes son, en su mayoría, los usuarios de éstas. Por si aún no lo comprenden, los adolescentes de 18 y menores de 30 que aún no saben por quién van a votar. Aún es tiempo de que reflexionen.
Porque es importante que se enteren, sus campañas son predecibles. Ya sabemos de dónde vienen y hacia dónde van. Parece, por ejemplo, que el morenista no se ha percatado que él comenzó a hacer campaña cuando muchos de los posibles votantes contaban con seis años de edad. Y en esos 12, nada nuevo ofrece. Sigue dando frijol con gorgojo. Del Revolucionario qué decir: lanza a un no afiliado al partido, pero con las mismas maneras que lanzó a Colosio, a Labastida, a Madrazo y así nos podemos ir para atrás con cada candidato. Acción Nacional entrega, ellos sí, algo nuevo: una alianza con sus némesis, el PRD. Lamentablemente, el cambio no fue bueno. El queretano es una mezcla de Fox y Clouthier, pero con más trazos de Calderón. Así de irreconocible es AN.
Estamos en 2018 y seguimos viendo lo mismo que en 2012 y 2006 y 2002 y… A ver, aguanten. No se vayan por las ramas y sean francos, respondan a las preguntas, no esquiven las responsabilidades, eso sí sería diferente, nuevo, atractivo. Los políticos no tienen que ser forzosamente un mal necesario.
Hashtag. Hay algo que no alcanzo a comprender. A decir de muchos columnistas, periodistas y actores políticos, ni Meade ni Anaya han logrado convencer a las bases de sus respectivos institutos. Entonces, no entiendo a quién se están dirigiendo los precandidatos en éstas sus precampañas. Esta época de promoción electoral es, precisamente, para convencer a los miembros del partido, si no lo están logrando, podrán acercar al electorado que ninguna obligación filial tiene con ellos.
Si hay sectores de estos partidos que no están a gusto con ellos, ¿no es deber institucional hablar antes que callar para siempre?
