El pasado viernes 4 de septiembre, a pocos días de que iniciara el proceso electoral federal, Vicente Fox se presentó en Insurgentes Norte 59, la famosa sede nacional del PRI en la colonia Buenavista. A pesar de que hace 16 años, en medio de un debate presidencial, Fox se lanzó contra el candidato priista Francisco Labastida y sus correligionarios sentenciándole que a ellos lo mañosos, lo malos para gobernar y lo corruptos no se les quitaría nunca, el protagonista de la mal llamada transición democrática llegó a la casa del PRI vestido de traje y corbata roja, el mismo atuendo que vestían Alejandro Moreno Cárdenas, Rubén Moreira y Manuel Añorve, con quienes se fotografió orgulloso.
Ya desde hace al menos dos décadas se hablaba del PRIAN y su innegable alianza, que, aunque no se formalizó electoralmente hasta 2021, encuentra sus antecedentes en la década de los ochenta. Sin embargo, como era López Obrador quien denunciaba la complicidad, el aparato mediático se encargó de ridiculizar los señalamientos.
Retrocedamos 38 años. Tras la polémica elección de 1988 que llevó a la presidencia a Carlos Salinas de Gortari con un fraude electoral, el PAN en San Lázaro se mostró ansioso por acelerar la quema y destrucción las boletas electorales que se resguardaban en el Congreso. El entonces coordinador de la bancada blanquiazul, Diego Fernández de Cevallos, sostuvo en tribuna que nadie podría beneficiarse con escudriñar papeles que nada dicen y menos significan; la bancada panista acepta que se destruyan esos míticos documentos, sumándose a las exigencias de Salinas. Casualmente, un año después del fraudé llegó el primer gobernador panista en la historia de México, Ernesto Ruffo Appel en Baja California; y tres años después, el PRI sacrificó a su recién electo gobernador en Guanajuato para abrir paso al panista Carlos Medina Plascencia, quien gobernó como interino hasta 1995.
Más adelante, a finales del sexenio de Ernesto Zedillo, se consumó uno de los mayores agravios a los mexicanos gracias a la colusión entre el PRI y el PAN: la aprobación de Ley de Protección al Ahorro Bancario, que convirtió en deuda pública los pasivos del Fondo Bancario de Protección al Ahorro, el Fobaproa. El abuso se concretó con 226 votos de la bancada del PRI y 99 del PAN en la Cámara de Diputados. En estos casi 30 años, México ha pagado más de 1.6 billones de pesos, de los cuales ni uno solo ha sido abonado al capital principal.
Por si lo anterior no fuera suficiente, el propio Labastida denunció en su libro La duda sistemática” que Zedillo, su compañero de partido, negoció con el gobierno de Estados Unidos la llegada a la Presidencia del PAN con Vicente Fox —la simulada transición democrática— a cambio de 40 mil mdd para hacer frente al error de diciembre.
Finalmente, en la intermedia de 2021 el PRIAN formalizó e hizo público lo que más de uno señaló años atrás, a través de su alianza Va por México, traicionando sus principios fundacionales y a sus votantes. El resultado todas y todos lo conocemos: la alianza opositora apenas obtuvo 33 distritos federales frente a los 121 en los que ganó la coalición de la Cuarta Transformación.
Hace unos días inició formalmente el proceso electoral que nos convocará a las urnas en 2027. Por fin, uno de los principales representantes del partido de Gómez MorIn se atrevió a quitarse la máscara para vestirse de rojo priista, al lado de quienes —según decían— representaban la antítesis de Acción Nacional.
Por si alguien aún lo dudaba: lo visto en estos días no es una alianza pragmática pensada hacia el futuro, sino la confirmación definitiva de su pasado. Durante años vendieron una rivalidad histórica que terminó reducida a un simple relevo de poder. Siempre fueron lo mismo; hoy, finalmente, tuvieron la honestidad —o la desesperación— de ponerse el mismo uniforme.
