Google nació en el escritorio de un mexicano

Manola Zabalza Aldama

Manola Zabalza Aldama

Común denominador

A mediados de los 90, dos estudiantes de Stanford saturaban las computadoras de la universidad con el prototipo de un buscador. Necesitaban discos, procesadores y, sobre todo, a alguien que creyera en el experimento. Lo encontraron en la oficina de Héctor García-Molina, un ingeniero mexicano que codirigía el Proyecto de Bibliotecas Digitales de Stanford. Él era asesor de Sergey Brin y consiguió los fondos con los que se compraron refacciones para los servidores. En ese proyecto se dieron los primeros pasos del algoritmo que hoy usamos miles de millones de personas. Antes de ser empresa, Google fue una idea que encontró respaldo en el escritorio de un mexicano.

El talento mexicano sigue en la frontera de varias industrias en el mundo. Paulo Lozano dirige el Laboratorio de Propulsión Espacial del MIT y diseña propulsores iónicos para satélites pequeños. Su fascinación por el cosmos empezó en un planetario de la Ciudad de México. El chiapaneco Luis Enrique Velasco encabezó la ingeniería mecánica del rover Perseverance en la NASA. Luis Herrera Estrella, pionero de la ingeniería genética de plantas, dirige un instituto de genómica en la Universidad Texas Tech. Alfredo Quiñones-Hinojosa llegó a California como jornalero a los 19 años y hoy encabeza el Departamento de Neurocirugía de la Clínica Mayo en Florida.

Esta lista es apenas una muestra de un activo enorme. En 2020 vivían en Estados Unidos 891 mil personas nacidas en México con licenciatura completa o más. De ellas, cerca de 190 mil tenían maestría y casi 24 mil, doctorado. Ese talento se concentra sobre todo en 11 metrópolis, encabezadas por Los Ángeles, Houston, Chicago, Dallas y Riverside; les siguen San Diego, Phoenix, San Antonio, el área de San Francisco, El Paso y Nueva York. Cada una de esas ciudades es una oportunidad de desarrollo compartido y una red de inversionistas con mexicanos.

La atracción de inversiones también es una tarea de reencuentro. Parte de nuestra política industrial consiste en que esos mexicanos vean en su país una oportunidad para volver: con la empresa que abre aquí su centro de ingeniería, con la startup que encuentra en nuestras universidades a su primer equipo, con el capital que apuesta por la biotecnología chilanga o con la experiencia de quien ya dirigió un laboratorio en Boston. Quien conoce ambos mundos traduce mejor que nadie las ventajas de nuestra ciudad ante un consejo de administración en Houston o en Palo Alto.

La Ciudad de México está de moda, y los vuelos lo confirman. En 2025, el aeropuerto capitalino atendió 17.5 millones de pasajeros internacionales, 72% más que en 2021. Entre enero y agosto de este año, ese tráfico ya supera al del mismo periodo de 2019, el récord previo a la pandemia. Hoy cuatro de cada 10 viajeros del aeropuerto vuelan desde o hacia el extranjero: cada día llegan en promedio más de 24 mil pasajeros en vuelos internacionales. Muchos son mexicanos que vuelven de visita desde Houston, Chicago o Los Ángeles y encuentran una ciudad transformada por las Utopías, el Sistema de Cuidados y las nuevas oportunidades para emprender que impulsa la jefa de Gobierno, Clara Brugada.

Google encontró consejo en el escritorio de un mexicano. Hoy, en la Ciudad de México, hay startups que buscan su primera ronda de inversión, laboratorios universitarios con patentes listas para llegar al mercado y pymes que quieren exportar. Nuestra apuesta es acercar esos proyectos a los escritorios correctos. Si una conversación en Stanford ayudó a que despegara el buscador más usado del mundo, miles de conversaciones entre la diáspora y esta ciudad pueden impulsar, durante las próximas décadas, la siguiente generación de emprendimientos mexicanos.

*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México