Terreno neutral para hablar
Llegar a un punto medio para entendernos se vuelve difícil o sencillo, dependiendo del entorno en el que nos encontremos. Poco tienen que ver con el origen, la educación académica o la capacidad económica, es simplemente la exposición que tenemos a la desinformación, ...
Llegar a un punto medio para entendernos se vuelve difícil o sencillo, dependiendo del entorno en el que nos encontremos. Poco tienen que ver con el origen, la educación académica o la capacidad económica, es simplemente la exposición que tenemos a la desinformación, que funciona como una especie de radioactividad que alcanza distintos niveles de intoxicación.
Si dejamos claro que vivir inmunes a un engaño no está relacionado con la edad, los estudios o el ingreso familiar, entonces podemos concluir que cualquiera de nosotros es susceptible de ser una víctima de las mentiras y los datos manipulados. Igual que sucede con las llamadas de extorsión que provienen de un supuesto pariente en problemas o las que anuncian que ganamos un premio en una rifa inexistente.
Por eso la ciencia es tan importante para el avance de la humanidad: es la única manera de probar si nuestras creencias tienen sustento y pueden comprobarse.
Por eso es apremiante hallar ese terreno neutral para dialogar sobre nuestras ideas, pensamientos y creencias sobre lo sucede en el presente. Son pocas las diferencias que tenemos, muchas menos de las que nos hacen pensar, y las coincidencias podrían impulsarnos a que este momento social consolidara ese sentido de nación que tanto nos gusta recordar en las festividades y en ciertos aniversarios.
El avance de la sociedad mexicana es innegable en los últimos años. Podemos hablar sobre las instituciones, pero el de la ciudadanía ha rebasado por mucho las expectativas de lo que se estima como una sociedad presente y activa. Por supuesto que podríamos hacer más, sólo falta observar el impacto que ha tenido el aumento de confianza en muchos roles sociales y de varias instituciones que estaban desprestigiadas, así como la caída de otras que contaban con credibilidad y la perdieron por múltiples factores.
Todos tenemos el derecho de opinar, pero no el de imponer nuestra forma de ver las cosas a nadie; lo que aprecio es que cada vez con mayor frecuencia buscamos poner en duda cualquier versión que nos llega sobre la realidad en la que estamos. Y eso es positivo.
Dudar es una característica humana que nos ha permitido evolucionar. Ha salvado nuestras vidas y ha dado pie al desarrollo de tecnología que nos ha hecho prosperar. Miramos a las estrellas con la misma fascinación con la que nos preguntamos el porqué de su presencia en el firmamento. Queremos llegar a la profundidad de las cosas y entender su papel en el universo, porque así se nos facilita comprender el nuestro. Lo mismo ocurre con cada especie y con el planeta mismo, todavía un hermoso misterio de coincidencias cósmicas provenientes de una explosión que dio inicio a todo lo demás.
Visto de esta manera, no podría ser tan complicado abrir nuestras mentes y aceptar otras opiniones, al mismo tiempo que nos encontramos en un punto medio para exponer los pros y contras sobre cualquier tema. Nadie tiene la última palabra, sólo que hay palabras que definen mejor que ninguna otra situaciones, hechos y personalidades.
Debo admitir que cada vez que recibo un mensaje con una alerta (generalmente en mayúsculas) en la que se me avisa que —ahora sí— sabré la verdad sobre un asunto de coyuntura, confirmo que lo que nos urge es hablar entre nosotros y aclarar tanta confusión, de la cibernética y de cualquier otra.
Porque el análisis más simple desmonta 90% de las conspiraciones y hace brotar las mentiras que hacen pasar por las verdades más absolutas. Cada periodo histórico ha tenido sus distintas versiones de la desinformación, aunque nunca con la velocidad y el perjuicio de la actual.
Lo que podría salvarnos de este fenómeno son los puntos en común que tenemos y que se refuerzan todos los días. Familia, paz, tranquilidad, educación, prosperidad, oportunidades legítimas y accesibles para quien las gana con talento y dedicación son conceptos que todas y todos compartimos y anhelamos. No conozco a nadie aún que quiera vivir en una comunidad donde no hubiera algo de lo anterior.
La fórmula para obtenerlo es acordar lo que es necesario y, juntos, construirlo. Ya lo hacemos en muchos aspectos de la vida cotidiana, sólo que nos falta convertirlo en un sistema y en comportamiento que dirijan nuestro actuar de manera constante. Todo comienza por estar en un terreno neutral donde podamos hablar de lo que nos preocupa y nos ocupa. Así de simple y así de complicado.
