Qué necesidad
Para nuestras autoridades es más importante subsidiar obras de infraestructura o aerolíneas inservibles.
Como lo sabrán mis lectores asiduos, soy de la idea de que el pragmatismo a la hora de gobernar es vital para la eficacia. El enemigo del pragmatismo es el idealismo o dogma, porque genera acciones que no se ajustan a la realidad bajo la excusa de conceptos abstractos como la igualdad o la justicia social. Es evidente que no ajustarse a la realidad sale caro; económica o políticamente.
El punto es que la eficacia gubernamental, debe empezar por lo elemental. Para un gobierno en el que lo elemental no está controlado, lo complejo es imposible. Y si, además de esto, le añadimos un ingrediente de necedad e ignorancia, la mezcla es explosiva.
Estamos a días de la inauguración de la Copa del Mundo y de que varios partidos se jueguen en México. Se sabía desde hace 8 años, que esto iba a suceder, y no se tomó previsión alguna para asegurar la funcionalidad del país para recibir visitantes. Ya ni siquiera hablemos de obras de infraestructura que pudieran permanecer después del Mundial, como sucede en muchos países sede de Mundiales o Juegos Olímpicos. La funcionalidad mínima de llegar a un aeropuerto que pueda operar de manera adecuada y donde, como primera experiencia, el viajero extranjero será sometido a una extorsión garantizada.
Imagine usted, querido lector, llegar a un aeropuerto medio remozado porque alguien tomó la decisión de cancelar uno mas importante y no meterle un peso al Benito Juarez para incentivar el uso de otro aeropuerto construido con prisas que queda lejos de la ciudad, sin infraestructura para llegar y que no tiene garantías de una vialidad eficiente. Baja el visitante, sale de migración y una persona, discrecionalmente y con mucha frecuencia, le pide una revisión de su maleta a la llegada, aunque no tenga nada que declarar. Después de este acto de la autoridad, sale usted y se encuentra con una fila de hora y media para pagar un taxi. El precio caro y el taxi feo. Entonces, durante la espera, el visitante abre su aplicación de Uber para pedir uno, pero la Guardia Nacional (ni más ni menos) le indica que están prohibidos en el aeropuerto, que para eso están ellos allí, para someter al Uber que se le ocurra entrar al aeropuerto y que tiene que caminar 500 metros hacia afuera del aeropuerto, en una ciudad que es capital de un país con no mucho prestigio de seguridad, mientras cae una manta de agua gracias a las lluvias veraniegas. Si el visitante viene en silla de ruedas, hacerlo hoy es materialmente imposible.
El visitante en cualquiera de las opciones se encontrará con la fluidez típica del Viaducto o Circuito Interior para llegar a su hotel tres horas después de aterrizado. Es decir, que si el visitante viene de Texas o Florida, le llevará más tiempo salir del avión y llegar al hotel, que el mismo vuelo. Dejamos para otra ocasión la experiencia que será llegar al Estadio Azteca desde Polanco.
Todo esto previsible. Considerando, además, que habrá ingresos extraordinarios por el propio Mundial; cualquier país decente los hubiera etiquetado para pagar la financiación de obras de infraestructura que quedarán para el beneficio general. Pero no en México, porque para nuestras autoridades actuales, es más importante subsidiar obras de infraestructura o aerolíneas inservibles y usar esos recursos extras en el gasto corriente.
En México siempre nos quedamos cortos porque pensamos que lo que tenemos es suficiente. ¿Para que tener un plan de desarrollo eficaz si estamos al lado de los Estados Unidos? ¿Qué importa la experiencia del visitante, si va a comer rico y se la va a pasar muy bien después?
La falta de amenazas y el exceso de virtudes del país nos mata. Como si eso no fuera suficiente, el gobierno, desde lo más alto, defiende a un cártel (“convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”: definición de cártel de la RAE) de taxistas en el aeropuerto en detrimento del interés general, que resume muy bien la visión de Estado.
