Propósitos 2022
La experiencia que nos arroja la historia de otras pandemias anticipa una etapa de más cambios en la que nuestra capacidad de organización para cuidar de otros y cuidarnos, a la par de incorporar nuevos hábitos, hace que iniciemos una nueva etapa como humanidad.
Construir un entorno de paz, salud, tranquilidad y buena convivencia es un propósito que nos debe ocupar todo el siguiente año para que las condiciones que enfrentamos sean un impulso y no un obstáculo.
La emergencia sanitaria pasará, seguramente, a un proceso de adaptación a las variantes de este tipo de coronavirus hasta que ambos organismos podamos coexistir sin riesgo.
La experiencia que nos arroja la historia de otras pandemias anticipa una etapa de más cambios en la que nuestra capacidad de organización para cuidar de otros y cuidarnos, a la par de incorporar nuevos hábitos, hace que iniciemos una nueva etapa como humanidad.
Para lograrlo, debemos considerar que la vida anterior a la contingencia no regresará, pero que las nuevas formas en las que podemos actuar serán mejores y mucho más benéficas en lo comunitario y en lo personal.
Después del paro abrupto de casi un año, hemos persistido a partir de la confianza en la vacunación, las medidas sanitarias, el progreso histórico de la ciencia y el impulso de la tecnología al servicio del trabajo y del comercio.
Sin embargo, perseverar es sólo la mitad del camino. Enfocarnos en otras formas de participación, con menos individualismo y una auténtica inclusión social que genere equilibrios económicos y sociales, sentarán las bases del mundo y del país en que nos convertiremos después de este periodo tan complejo.
Un propósito adicional será estar preparados para nuevos desafíos de la naturaleza, muchos de ellos resultado de la forma en que hemos alterado el clima en aras de explotar los recursos que nos permiten gozar de esta modernidad.
Tener a la vista nuevas epidemias y fenómenos meteorológicos cada vez más extremos ayudará a que modifiquemos comportamientos de consumo, gasto, reciclaje y el cuidado del agua, la tierra y todas las materias primas que son fundamento de la economía mundial.
Mantener una dirección clara para que actuemos de manera corresponsable en las decisiones que toman autoridades y gobierno es, al mismo tiempo, una meta y una propuesta de renovación del papel que debemos asumir como ciudadanos.
Este es un trabajo permanente, de todos los días, que hará la diferencia al evaluar cómo superamos, o no, estas difíciles condiciones que comenzaron en marzo de 2020.
Proponernos cambiar para mejorar tiene que figurar en nuestra lista de modificaciones anuales, esa misma que luego se queda sin atender hasta la siguiente celebración decembrina.
Lo que está claro es que no seremos la misma sociedad en unos meses y que los problemas no resueltos podrían empezar a arreglarse si comenzamos a hacer lo que nos toca.
Ciudadanos y buenas autoridades podemos establecer puentes de confianza mutua para solucionar los pendientes inmediatos de vecindarios y colonias. Como una sola sociedad aprovecharíamos estas adversidades para resurgir de la forma en que siempre hemos deseado.
Nuestras expectativas deben ser altas y contar con la convicción de que es posible la transformación de la conciencia colectiva a favor de condiciones de vida dignas y de una prosperidad bien repartida.
Hagámonos de propósitos que incluyan, motiven, apoyen y generen tejido social. Nada conseguimos con sólo ver por nuestra condición y eso nos lo ha enseñado este virus y su enfermedad.
Es la unidad de la mayoría, caminando hacia objetivos compartidos, la única forma de progreso posible.
Aprovecho este espacio para agradecer a Excélsior por un año más de tener el privilegio de compartir con sus lectores ideas y propuestas, al tiempo que deseo para todas y todos bendiciones, prosperidad, salud y trabajo. ¡Felicidades!
