Trump en el WEF

Como efecto del sistema promovido por el WEF y la izquierda es que ha generado nuevos agraviados sobre temas históricos.

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

Cómo todo lo que pasa en el mundo, el World Economic Forum empezó como una buena idea. Como un foro de discusión dónde gobernantes, ideólogos, académicos, banqueros y otras personalidades se reunían en un pequeño pueblo suizo, Davos, para discutir problemas locales y globales y donde se intercambiaban ideas de cómo resolverlos. Sin embargo, como tantas organizaciones políticas, fue corrompido por quienes quieren controlar políticas, narrativas y homogeneizar lo desigual.

Hasta hace unos diez años, este foro, que se celebra desde 1971, se ha ido desvirtuando por haber tomado partido por ideologías que han tratado de imponer, mediante narrativas atractivas, a políticos que se nombran “progresistas”, para poder imponer las ideas de las que no se entiende mucho el objetivo. En 2019, el WEF empezó a empujar fuertemente sobre temas de calentamiento global, diversidad e inclusión y la idea de imponer un stakeholder capitalism, en el que se reconoce la responsabilidad de Estado y empresa en el desarrollo económico y sus efectos secundarios.

En ese momento, ya en Estados Unidos el partido demócrata se había vuelto loco empujando el péndulo a lugares insospechados, abiertamente castigando la cultura occidental y al hombre caucásico heterosexual como culpable de todos los males de la humanidad. Se empezaron a tirar las estatuas de Colón en el mundo, las empresas empezaron a tener cuotas de todo tipo dejando la meritocracia de lado, alimentando a los ofendidos históricos de merecimiento sin esfuerzo ni talento hasta generar el efecto contrario. Se llegó a la locura de que el fundador del WEF declarara en 2025 the Great Reset colocando la justicia social en el centro. Incluyeron temas como luchar contra el racismo sistémico, equidad de género, redistribución y “reconstruir mejor”, con fuerte tinte progresista.

¿Cómo lo hicieron? Alimentando a los ofendidos históricos, tal y como lo hace el socialismo, por lo que ambos vieron una gran oportunidad de aplicar la dialéctica, la forma de debatir entre opuestos, en este caso entre opresores y oprimidos. Llegó a tal nivel la cosa que en México, esta semana, la Presidenta volvió a la carga contra España por la conquista y su versión amloista de libro de la SEP, mientras el rey Felipe VI visitaba el pabellón de México en la Fitur de Madrid, sólo para ejemplificar a dónde hemos llegado y evidenciar la narrativa.

Parte de los efectos del sistema promovido por el WEF y la izquierda gobernante en el mundo, a la que le viene de maravilla llenarse de oprimidos y ofendidos, es que ha generado nuevos agraviados reales y presentes sobre temas históricos, porque no conozco a nadie que haya vendido un esclavo ni a esclavos de raza negra en Europa o América, por ejemplificar un agravio. El hombre heterosexual caucásico u occidental está harto de ser marginado por estos excesos y entre otras cosas está determinado a recuperar sus espacios de manera defensiva y con razón. La inmigración ilegal y su tolerancia son parte de esas ideas de la WEF para reparar daños y sanar sociedades, pero su fracaso como política es evidente en Occidente. Vean a Suecia, vean a Bélgica y vean al aberrante gobierno del Reino Unido encarcelando a veteranos de guerra británicos por “ofender” a musulmanes.

Afortunadamente, llegó a la presidencia Trump, un hombre odiado por muchas razones, unas reales y otras no tanto, pero que tiene unas virtudes indudables. Ve con claridad el error y el desvío al que nos están llevando estas ideas globalistas y ve con claridad la disfuncionalidad de los organismos internacionales creados por la Segunda Guerra Mundial y ha decidido, desde su posición de jefe del Imperio (es real), destruirlas y enfrentarlas. Me parece perfecto, me parece refrescante no aceptar que las cosas no funcionan como están y que hay que asumir el rol de la rana hirviendo.

El presidente Trump le caerá mal a mucha gente, pero está haciendo un trabajo duro y sucio para recuperar la inercia de occidente enfrentándola con claridad y contundencia (y algunos trucos que ayudan a incentivar conductas). Trump es medicina dura y a veces desagradable, pero es medicina.