La izquierda europea

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

Antes de empezar la columna y como un aviso a quien no me conozca, le informo que pienso que el llamar izquierda o derecha a ciertas ideas políticas es un tema simplista. Hoy no se sabe, bien a bien, qué es qué. Tengo amigos y familiares preocupados por el avance de la extrema derecha y no sé cuál es. En mis tiempos la extrema derecha era el fascismo, que era una forma de manejar el colectivismo y garantizar que todo se hiciera por el Estado mediante una cesión de libertades. Como el comunismo y su primo el socialismo. No veo fascismo funcional (de derechas) en el mundo para ser honestos. Pero si veo mucha izquierda extrema activa. ¿Es la misma de antes? No.  

La izquierda tuvo que recomponerse después de la caída de la Unión Soviética y el muro de Berlín, porque como modelo económico fracasó estrepitosamente. ¿Por qué? Pues porque ser de izquierda es un ejercicio de dogmatismo. Es pensar que les casa deben ser mejor de lo que son y, por lo tanto, olvidan que las cosas son lo que son y que hay que lidiar con la realidad. Pasados los eventos anteriores, la izquierda tuvo que recomponerse y encontró su nueva dialéctica en la lucha de igualdad, pero ahora no fue entre clases, ahora fue entre blancos y negros, mujeres y hombres, homosexuales y heterosexuales, colonizadores y colonizados y convencieron a todos que las injusticias (vistas desde la moralidad de hoy) tenían que pagarse por parte de los opresores.

La estrategia, como una electoral, ha sido profundamente exitosa, particularmente en Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa, que ha sido fuente y centro de la mayor parte de las guerras de la humanidad, fue adormecida por Estados Unidos para intentar una paz duradera y evitar otro conflicto de gran magnitud. Para ello, se construyó la Unión Europea, que era una manera de repartirse mercados y actividades económicas y, la segunda, creando un sistema de bienestar que hemos visto florecer hasta ahora. Con ello y con las ideas de igualdad y de deuda ante otros pueblos que suenan tan bien para los gobiernos de izquierda, Europa se ha vuelto contra sí misma. 

En primer lugar, el estado de bienestar europeo ha empezado su declive. La gente se acostumbró a trabajar y a mantener empleos medianos durante su vida laboral, a pagar muchos impuestos porque el día que cumplieran 65 años podrían jubilarse con un estilo y nivel de vida envidiable. Pero el bienestar generó una sociedad sin hijos. La igualdad de las mujeres se movió hacia el feminismo, creando una fuerza laboral femenina concentrada en competir en el terreno de los hombres, retrasando la edad de matrimonio y concentrando su interés viajar, disfrutar de la libertad adquirida y de muchas otras, como la secularización de Europa; cuestiones que han evitado que se tengan hijos. El problema no es sólo que estamos frente a una potencial extinción racial europea en su propio territorio, sino que la demografía juega en contra de las pensiones. El acuerdo social está roto por inviable y todavía no se han dado cuenta.

Por lo anterior, Europa ha recurrido a la inmigración masiva de africanos y musulmanes, sin tener políticas públicas apropiadas de integración, mermando la calidad de vida de los propios europeos. Como si esto fuera poco, la izquierda europea ha encontrado en esta inmigración la solución para poder competir electoralmente. Sabiendo del descontento del europeo y la proliferación de partidos de derecha (lo que sea que eso sea), la legalización masiva de inmigrantes beneficiados por los propios gobiernos a costa de los europeos es una estrategia electoral mañosa y ruin.

En Reino Unido ha llegado a tal nivel que el gobierno de Starmer (espero ya haya renunciado para cuando usted lea esto) activamente ve al británico como un enemigo del Estado. Ha metido a la cárcel a 12,000 personas por exponer sus ideas en redes sociales restringiendo la libertad de expresión de sus propios ciudadanos. En un escándalo mayor, el gobierno protegió una red de violadores inmigrantes que violaron “sólo” a 250 mil mujeres británicas para evitar un problema “racial” o contra la inmigración en Reino Unido. Ése es el tamaño del desprecio. Necesitamos volver al sentido común.