¿Dónde estamos?

El gobierno de México ha decidido ponernos en el lado equivocado de la historia en cuanto a lo que se está peleando en Ucrania.

A veces, las noticias que surgen en la semana me hacen preguntarme si México tienen remedio. Desde los papeles Guacamaya surgen miles de notas que, por sí solas, serían causa de renuncia de mandos militares y todo un gobierno en un país decente. Pero parece que nos hemos convertido ya, como sociedad, en la rana que hierven lentamente y no se da cuenta. El Ejército mexicano que tanto he defendido, espía a particulares y clasifica de alto riesgo a grupos vulnerables. El Ejército mexicano sabe que van a matar alguien y no hace nada. Ese mismo Ejército lleva a cabo una venta de garaje de armas a grupos del crimen organizado. Esto tumbaría un gobierno en cualquier lado.

Pero, quizá, la nota más relevante se dio el sábado donde el Kremlin (sí, ese palacio donde vive Putin) ha confirmado que celebró un acuerdo sobre cooperación en la exploración y utilización de espacio ultraterrestre para fines pacíficos (nótese que se aclara el fin). La Cancillería informó que en ningún lugar se establece el sistema Glonass, que es la versión homóloga rusa del GPS. ¡Menos mal! Si no se hubiera aclarado esto, uno pensaría mal en nuestro gobierno y Putin, pero ya aclarando que es “en buena onda”, nos quedamos todos muy tranquilos.

El problema es que, luego nos acordamos de que el gobierno de México no ha condenado la invasión rusa de Ucrania y hemos sido autores de un plan de paz que se basaba en que abusador y víctima se quedaran con su golpe cada uno.

En alguna de mis columnas, estimado lector, le recomendé la lectura de The road to unfreedom, de Timothy Snyder. Lo vuelvo a hacer, porque ese libro nos ayuda a entender la verdadera guerra que hay en el mundo y de lo que se tratan las defensas y los posicionamientos de los gobiernos del mundo frente a la Guerra en Ucrania. Hoy se desenmascaran grupos de gobernantes, que no países ni culturas.

Se le atribuye a Churchill, derivado de su agudeza mental y su claridad verbal, que los fascistas del futuro se llamaran a sí mismos antifascistas. Y mire, le pegó seco.

Hay una guerra global, cultural, social, económica y militar. El problema de esta guerra es que es entre dos ideas y no entre las etiquetas, símbolos y señales a los que estamos acostumbrados. La guerra es entre quienes estamos a favor de la democracia liberal o el autoritarismo fascistoide (en sus varios formatos, ayatolas, presidentes electos, reformadores constitucionales, monarquías absolutas, pseudodemocracias, etcétera). Esto hace muy fácil a los gobiernos manipuladores colocar en el lado “incorrecto” a sus adversarios llamándoles lo que no son, pero lo que ellos si son: fascista, conservador, autoritario, militarista, etcétera.

La segunda cuestión es que se trata de colectivizar un tema que tendremos que seleccionar individualmente. Si es usted mexicano, tiene que apoyar a su gobierno y, por lo tanto, estar a favor de Rusia, versus yo Luis Lozano Olivares soy un demócrata liberal que apoyaré esta idea con quien esté en lo mismo que yo, sea inglés o croata. Es decir, la etiqueta (creada por el hombre, ojo) de ser mexicano no me define en la guerra existente, lo que me define es mi creencia individual. Y el individualismo es lo que más odian aquellos que quieren controlar todo imponiendo etiquetas.

No es un fenómeno sólo de México, es lo mismo que sucede en otros países y que tendría diferentes repercusiones si Trump hubiera ganado la presidencia a Biden, los dos siendo americanos hubieran escogido distintos posicionamientos frente a Putin porque creen en diferentes cosas como individuos; afortunadamente para nuestros vecinos y socios, Biden y los que valoran la democracia liberal y sus libertades ganaron la presidencia.

El gobierno de México ha decidido ponernos en el lado equivocado de la historia en cuanto a lo que se está peleando en Ucrania, y va a tener costos para todos como colectivo, ahí si el costo no será individual. Seamos más activos por medio de las organizaciones de la sociedad civil, que a diferencia de las etiquetas, une a individuos con pensamientos e intereses afines por elección propia. Es momento de reaccionar.

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