Crecimiento e inversión

Urge cambiar las reglas que han generado la crisis de confianza.

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

Hasta el año 2018 México había logrado atarse a Estados Unidos en términos de crecimiento económico. El Tratado de Libre Comercio lo permitía y era lo inteligente que había que hacer. Las tasas de crecimiento eran modestas, pero seguras. La razón de que dichas tasas no fueran superiores al 2 por ciento tiene explicaciones en otros factores, incluidos nuestros complejos históricos sobre varios temas. 

El gran problema de la falta del crecimiento económico de México es político. Y es político porque desde el año 2018 ha llegado un grupo de políticos dogmáticos que no entienden del todo el funcionamiento de la economía y de las inversiones, olvidando factores relevantes que impulsan las economías. Sin esos factores que se desdeñan de manera dramática, no habrá crecimiento ni inversión, por más reuniones multitudinarias que el gobierno quiera organizar con empresarios en Palacio o en museos, anunciando paquetes de inversión que no llegan ni llegarán.

No es un problema único de México, otros países están igual o peor, aunque, desde 2018 México ha crecido virtualmente cero y desde 2020 somos una de las peores economías, comparados contra Latinoamérica que tanto gusta al gobierno y su movimiento.

El primer factor relevante para la inversión y por ende, el crecimiento, es la confianza. El problema de la confianza es que no se puede comprar, se trabaja y se gana con la constancia de hacer lo mismo muchas veces y a pesar de las circunstancias. La confianza se pierde en segundos y eso es lo que pasó al momento de cancelar el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Por más explicaciones que se quieran dar de corrupción, los neoliberales, y no sé qué más, todos saben que fue un arrebato caprichoso de una persona que tenía todo el poder. No es inteligente en ninguna circunstancia pagar para no tener algo que ya estaba a la mitad.

De ahí seguimos con las reformas estructurales del presidente Peña Nieto que prometían ser exitosas por balancear la participación del Estado y de las empresas privadas, porque generaban confianza bajo esa certeza y sentido de negocio, que ya se revirtió, desafortunadamente. Empresas privadas que generaban por sus propios medios energía eléctrica que después era vendida a la CFE para su transmisión, bajo un esquema de precios (se compraba la más barata antes), era un sistema inteligente de incentivos donde las empresas generadoras se incentivaban para generar con el menor costo, la CFE hacía un supernegocio con la transmisión y el usuario compraba energía barata. Además, se aseguraba la inversión en generación de energía eléctrica con tecnología moderna. Pero alguien consideró que la energía es soberana, desmontó la ley, desincentivó la inversión y ahora hay problemas de generación.

Usted pensaría, querido lector, hay que volver a traer a las eléctricas, la pregunta es ¿usted regresaría?

Como si todo esto no fuera poco, el Estado mexicano y el partido en el poder con sus aliados (a quienes no debemos olvidar), decidieron hacer caso a otro berrinche histórico y cambiar el Poder Judicial, que era perfectible, pero daba certezas, a pesar de todos los avisos. Una gráfica de la semana pasada muestra cómo la inversión en equipos de manufactura empieza a caer a partir del mismo mes en el que se aprobó la reforma judicial; qué casualidad…

El gobierno está desesperado por atraer inversión, pero no le gusta que en las reuniones sectoriales o empresariales se les diga lo que han hecho mal. Es como alguien que desea adelgazar, pero no quiere que le digan que debe comer menos o hacer una dieta. El jueves hubo otro anuncio de un programa de inversión público-privada para tratar de provocar inversiones, pero sin cambiar una sola de las reglas que han generado la crisis de confianza. ¿Usted se asociaría con el gobierno (sólo hay que ver los resultados financieros en todas las empresas del Estado) en un proyecto de infraestructura de largo plazo sabiendo que cualquier litigio con su socio lo va a perder seguramente?

Las recetas existen, si el cocinero no quiere usarlas habrá que cambiar de cocinero.