Misión cumplida

Abdicó de su deber de combatir la delincuencia, proponiendo que en lugar de eso se abrazara a los delincuentes, lo que ocasionó que su gobierno sea el que registra el mayor número de asesinatos, alrededor de 200 mil y el mayor número de desapariciones, alrededor de 55 mil.

“¡Misión cumplida!”, presumió y celebró el ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador en su última conferencia mañanera el pasado lunes. Y sí, a pesar de los enigmáticos “otros datos” a los que siempre aludía creando una realidad alternativa a los hechos reales, López Obrador cumplió en sus seis años de gobierno la misión de dinamitar México.

Empezó arrasando el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM), una obra que generaría gran progreso para el país, desoyendo las opiniones no sólo de los expertos, sino también las de quienes formarían parte de su gabinete. El costo de tal capricho, pagado por quienes pagamos impuestos, fue estratosférico. Concluir el NAIM hubiera sido menos costoso de lo que ha costado el arrasamiento.

Destruyó el sistema de salud, dejando sin servicios sanitarios a decenas de millones de mexicanos; abatiendo la vacunación infantil, en la que México era un ejemplo internacional; provocando un desabasto de medicamentos sin precedentes, lo que dejó sin los tratamientos que requerían para seguir luchando por su vida a pacientes con cáncer, niños incluidos, con un saldo de varios millares de muertos, entre ellos miles de infantes.

Propició, con Hugo López-Gatell, 224 mil 244 muertes evitables entre las más de 800 mil ocurridas durante la pandemia de covid-19, a la cual se refirió diciendo que a su gobierno le había venido “como anillo al dedo”. Negó a los médicos del sector privado la vacunación prioritaria. En ningún país del mundo hubo una tasa tan elevada de fallecimientos entre el personal médico como en el nuestro.

Degradó la educación básica colocando a cargo de la llamada Nueva Escuela Mexicana a Marx Arriaga, un fanático inepto y resentido, para quien es inaceptable la lectura por placer, y quien excluyó a las editoriales privadas de la elaboración de los libros de texto, que fueron pergeñados clandestinamente por un grupúsculo marxiano con errores garrafales y el propósito de un burdo adoctrinamiento que predispone al odio entre los alumnos: “Todo niño es un opresor o un oprimido”.

Se desvivió por saludar a la madre de El Chapo Guzmán, pero nunca quiso recibir a los padres de niños con cáncer, a deudos de víctimas de la violencia, a madres buscadoras de desaparecidos, a los trabajadores del Poder Judicial, a los miembros de los partidos de oposición, a Xóchitl Gálvez que contaba con un amparo para refutar su difamación.

Abdicó de su deber de combatir la delincuencia, proponiendo que en lugar de eso se abrazara a los delincuentes, lo que ocasionó que su gobierno sea el que registra el mayor número de asesinatos, alrededor de 200 mil y el mayor número de desapariciones, alrededor de 55 mil Aseguraba que la difusión de los crímenes tenía como único objetivo atacarlo a él.

Permitió u ordenó persecuciones penales sin fundamento como las que sufrieron los 31 científicos a los que se quería encarcelar en una prisión de alta seguridad, la cuñada y la sobrina políticas del fiscal general de la República, la nuera de su empresario favorito —Riobóo—, Jesús Murillo Karam y Ricardo Anaya. Exhibió datos privados de periodistas como venganza a sus reportajes o sus críticas. Utilizó la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y la Fiscalía General de la República como espadas de Damocles.

Capturó a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), generó un Estado militar dentro del Estado, y encarriló la desaparición de los organismos autónomos y el aumento desmesurado de la lista de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa.

Canceló becas de estudiantes de posgrado y deportistas destacados, así como estímulos económicos a investigadores de universidades privadas miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Ordenó que se privara de su pensión de viudez a María Amparo Casar. Recortó los recursos del CIDE y atacó numerosas veces a la propia universidad en la que cursó su licenciatura en 14 años.

Consiguió una reforma que implica la demolición del Poder Judicial del país, lo que concentrará todo el poder en el Ejecutivo y terminará con la división de Poderes y la democracia en México.

La lista podría seguir… Sí, misión cumplida: “El mejor Presidente de la historia de México”, como lo llama su sucesora, dinamitó al país.

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