Mas si osare un extraño enemigo

Lo que viola escandalosamente la soberanía de los ciudadanos —la soberanía es de los ciudadanos, no del gobierno— es que el crimen organizado les imponga derecho de piso, que se haya apoderado de buena parte del territorio nacional, que secuestre, despoje o mate impunemente, que intervenga con dinero o acciones violentas en las elecciones...

Es una tontería la alegación de que la colaboración de Estados Unidos en tareas de seguridad pública viola la soberanía nacional. Es como aseverar que la entrada de un vecino a la casa del morador que le pide ayuda para la erradicación de una plaga es un allanamiento de morada que lesiona el derecho a la inviolabilidad del domicilio.

Lo que viola escandalosamente la soberanía de los ciudadanos —la soberanía es de los ciudadanos, no del gobierno— es que el crimen organizado les imponga derecho de piso, que se haya apoderado de buena parte del territorio nacional, que secuestre, despoje o mate impunemente, que intervenga con dinero o acciones violentas en las elecciones, que dé órdenes a las autoridades o que éstas no se atrevan a perjudicar sus intereses ilegítimos, y que le haya arrebatado al Estado el monopolio de la fuerza.

El mas si osare un extraño enemigo / profanar con su planta tu suelo de nuestro Himno Nacional se refiere, obviamente, a una situación en la que nos invadiera, como ocurrió antaño en más de una ocasión, un país en una situación bélica como, por ejemplo, sucede con la invasión de las tropas rusas a Ucrania con el fin de apropiarse de una parte del país invadido.

En la captura de El Mencho jugó un papel importante la cooperación estadunidense, que se dio no solamente en la información crucial que permitió la ubicación del capo, sino seguramente también en el diseño del operativo y, probablemente, en su realización. Esa ayuda en nada afecta a los ciudadanos mexicanos ni a su gobierno ni en nada desfavorece el derecho de la ciudadanía a decidir sobre el devenir de su nación.

Como advierte Eduardo Guerrero, “si no se cuenta aquí con el acompañamiento de Estados Unidos muy estrecho, en materia de inteligencia, en materia de tecnología, en materia incluso de armamento, de estrategia, pues yo no sé cómo le entraríamos a una guerra contra un monstruo de este tamaño” (entrevista con León Krauze, Letras libres, 22 de febrero). “Es positivo que, como señala la Defensa en su comunicado —valora Pascal Beltrán del Río—, exista una coordinación estrecha con las agencias de Estados Unidos. El narcotráfico es, por definición, un crimen transnacional que ignora fronteras y que requiere de una estrategia conjunta y operativa con nuestro vecino del norte, llevada sin falsas nociones de soberanía” (Excélsior, 23 de febrero).

Y el narcotráfico no es el único crimen de la delincuencia organizada. A esa clase de delitos se han añadido, entre otros asimismo gravísimos, el homicidio doloso, la trata de personas, la extorsión, el secuestro y el despojo de bienes inmuebles, todo eso ante la debilidad de las policías estatales, las policías municipales, las fiscalías y sus policías de investigación.

Llama la atención, al observar las reacciones a la detención y la muerte del líder criminal, la cantidad, la disciplina y la coordinación de sus sicarios. Simultáneamente produjeron en 20 entidades de la República bloqueos de carreteras, incendios de vehículos, bancos y tiendas, y ataques a las fuerzas de seguridad. No solamente es numeroso ese ejército de sicarios, sino que cuenta con recursos abundantes y organización eficaz para aterrorizar. ¿Se puede seguir negando que sus acciones son terroristas?

                A la caída de El Mencho —¿cómo ignorarlo?— seguirán sangrientas pugnas por heredar su liderazgo. El abatimiento de ese capo no redundará en una reducción de la violencia. La batalla contra los grupos criminales será larga y compleja, sobre todo porque esos grupos están infiltrados en las diversas esferas de gobierno.

 

Sin desconocer la importancia del golpe contra la delincuencia de la madrugada del pasado domingo, no debemos olvidar la urgente necesidad de profesionalizar y dotar de recursos suficientes a las policías municipales y estatales, al Ministerio Público, sus peritos y sus policías de investigación. El objetivo no debe ser el abatimiento de un capo, por pernicioso que éste haya sido, sino devolver a los mexicanos la seguridad tan dramáticamente deteriorada.

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