Deserción versus coraje
Los siete consejeros y los cuatro magistrados que por mayoría le dieron al partido del gobierno y sus aliados un porcentaje de escaños que no obtuvieron en las urnas sabían muy bien las consecuencias de esa resolución. Se dejaron derrotar y con su derrota derrotarona la democracia mexicana.
A veces la vida nos coloca en situaciones extraordinarias en las que nos vemos precisados a mostrar nuestra verdadera estatura, ésa que no se mide en centímetros sino en integridad, amor propio, honor y coraje. De cómo reaccionemos ante las circunstancias que se nos presentan en esos momentos dependerá el juicio que hagamos de nosotros mismos, y ese juicio nos acompañará el resto de nuestra vida.
Siempre se encontrarán excusas, que se esgrimirán ante los demás y ante uno mismo, para “justificar” por qué no se ha procedido de la mejor manera, pero cada cual se verá en el espejo de su alma y se juzgará insobornablemente. Enfrentarse a esas situaciones excepcionales es, desde luego, un reto, pero también un privilegio porque nos coloca ante la posibilidad de actuar de tal modo que nos llene de satisfacción haber atendido la voz interior que en esos instantes dramáticos nos exige: “¡Levántate y anda!”.
La disyuntiva es una actuación pusilánime, convenenciera, cobarde, mediocre y/o deshonesta, o una conducta con la que se cumpla la mejor expectativa que podemos tener de nosotros mismos. Además de integridad, amor propio y honor, es necesario el coraje para no retroceder ante lo mejor de nosotros, lo que nos va a hacer sentir el alborozo de no habernos rendido, de haber dado la batalla, de habernos atrevido a ser nuestra mejor versión.
Ésa fue la coyuntura en que se encontraron los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) y los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). De sus respectivas resoluciones dependía que nuestro país conservara su imperfecta democracia o que se abrieran de par en par las puertas a un régimen autoritario en el cual el gobierno ejerza un poder absoluto, sin contrapesos.
Los más prestigiados constitucionalistas —muy destacadamente Diego Valadés—, así como exconsejeros y exmagistrados electorales, ofrecieron sólidos argumentos lógicos y jurídicos para que el INE y el TEPJF se inclinaran por la primera de esas opciones.
Pero la mayoría de los consejeros y los magistrados prefirió congraciarse con el autócrata, obedecer su designio, el cual se preparó con suficiente antelación, desde que los senadores del bloque oficialista, siguiendo instrucciones del Presidente, se negaron a designar a los dos magistrados que faltaban para completar los siete del Tribunal Electoral, y así, en virtud de que ya el gobierno había cooptado a tres de los cinco que estaban en funciones, asegurar mayoría en el organismo que tomaría la decisión final e inapelable.
Los siete consejeros y los cuatro magistrados que por mayoría le dieron al partido del gobierno y sus aliados un porcentaje de escaños que no obtuvieron en las urnas sabían muy bien las consecuencias de esa resolución. Se dejaron derrotar y con su derrota derrotaron a la democracia mexicana.
No tengo los dotes de Casandra, pero me parece que la conciencia de ese deshonor los acompañará siempre en sus jornadas laborales, sus reuniones sociales, sus encuentros eróticos, su reposo y sus insomnios. “Sólo el tiempo conoce el precio que hemos de pagar”, sentenció W. H. Auden. Y Cioran dictaminó: “Las deserciones que nos propone nuestra cobardía ancestral son las peores deserciones a nuestro deber de decencia intelectual”.
En cambio, toda su vida se sentirán orgullosos del valor y la entereza con que procedieron al votar contra la pretensión del caudillo los consejeros Claudia Zavala, Dania Ravel, Jaime Rivera y Martín Faz, y la magistrada Janine Otálora. Toda su vida los acompañará el orgullo de haber actuado éticamente, con honor y coraje —palabra que proviene del vocablo latino cor, que significa corazón—, de no haber cedido a la pretensión y la presión del déspota.
A ellos, que fueron derrotados queriendo salvar nuestra democracia, mi más amplio y cálido reconocimiento. Seguramente saben que hay derrotas que son honrosas en contraposición al patético logro de los vencedores. Ellos podrán, por decirlo con palabras de William Faulkner, vivir consigo mismos el día de mañana.
